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Inés María Martiatu
Terry
Investigadora Teatral y Narradora
Blog: inesmartiatu.blogspot.com Georgina
Herrera en Poesía Musicalizada,
2/7/09 Palabras
para una muestra: Sara Gomez
Magia
López Directora de la Agencia Cubana de Rap Georgina
Herrera cumple años El
Ballet Folklórico de Camagüey en exitoso periplo por España Investigadora teatral, Narradora y Escritora. Licenciada en Historia por la Universidad de La Habana, realizó estudios de Música, Etnología y Teatro. Ha participado en eventos e impartido conferencias tanto en Cuba como en el
extranjero.
Sus trabajos han aparecido en publicaciones especializadas, antologías y en Enciclopedias, en países como Canadá, Estados Unidos, México, Venezuela, Colombia, Perú, Argentina, Guadalupe, Reino Unido, España, Alemania e Italia.
Ha publicado, entre otros, "El Caribe, teatro sagrado, teatro de dioses", (monográfico) en El Público, Madrid,1992; "Teatro de Eugenio Hernández", Editorial Letras Cubanas, La Habana, 1989; "El rito como
representación" (Ensayos), Ediciones UNION, La Habana 2000; "Algo bueno e interesante" (cuento), Editorial Letras Cubanas, La Habana,1993, "Una pasión compartida: María Antonia", (colección de Ensayos) Editorial Letras Cubanas,2004.
En 1984 obtuvo el Premio de Crítica de la Revista Tablas; en 1990 el Premio de Cuento "De tema femenino" otorgado por el Colegio de México y la Casa de las Américas.
En el 2002 la Beca Razón de Ser, instituida por la Fundación “Alejo Carpentier” para la investigación y la creación
literarias. Recibió la Distinción por la Cultura Nacional, que otorgan el Ministerio de Cultura y el Consejo de Estado. Cuba:
Narrativa, Raza y Mujer
Alberto Abreu
(Algunas interrogantes y otras reflexiones a partir de Sobre las olas y
otros cuentos[1],
de Inés María Martiatu).
La reciente aparición de Sobre las olas y otros cuentos, de Inés María
Martiatu, por Swan Isle Press Chicago, viene a constituir un suceso
peculiar dentro del discurso editorial cubano y el entorno ideotemático
en que se mueve nuestra producción literaria cubana en ésta primera década
del siglo XXI.
Comenzaré por la primera de estas instancias: la del discurso editorial
cubano. Por cuanto la edición de este libro no se realiza desde ninguna
de las editoriales de Isla, sino que nos llega desde lo que en el argot de
la ciudad letrada cubana se conoce por la Academia Norteamericana. La
segunda de las razones que hacen de la aparición de Sobre las olas… un
evento peculiar están en los asuntos y conflictos que este libro, desde
su textualidad fascinante recrea; y las nuevas inflexiones que introduce
en el espectro de indagaciones temáticas y estéticas de la narrativa que
están escribiendo actualmente las mujeres en Cuba.
Desde la década del noventa, del pasado siglo, la narrativa femenina pasó
a constituir uno de los espacios más atendido por la crítica literaria
cubana. Como lo atestiguan las innumerables antologías, cartografías, y
textos críticos que en este sentido aparecieron tanto en Cuba y en el
extranjero, particularmente en los Estados Unidos dedicados a dar fe de
las nuevas tipologías de este movimiento, que apuntaban hacia el devenir
social y genérico de la nación, el cuerpo sexuado, el realismo sucio...
Este fenómeno, unido a otras circunstancias, propició, en parte, una
especie de boom de la narrativa cubana producida por mujeres. El cual
devino un enclave no sólo discursivo, sino una plataforma de lanzamiento,
descentramientos y debates sobre las políticas de interpretación falocéntricas
y excluyentes desde las que el discurso crítico y pensamiento sobre
literatura cubana tradicionalmente había articulado las cuestiones
relativas al canon, la norma...
Sin embargo, la reciente aparición de, Sobre las olas… viene a
hablarnos de cómo estos reclamos de validación, muy justos, de la teoría
y la narrativa de mujeres, terminó, en lo racial, reproduciendo el mismo
gesto exclusivo de que eran víctimas.
Es en este punto donde aquí radica no sólo el mérito, sino también los
desafíos que propone Sobre las olas… a nuestras teóricas feministas,
estudiosos de la literatura y de las problemática del campo cultural
cubano. Es decir, el de una lectura de estas narraciones desde la
perspectiva analítica del feminismo negro.
La problemática racial constituye, en la sociedad cubana actual, uno de
los tópicos más candentes dentro del debate público e intelectual.
Estas discusiones no han escapado a estudiosos de la literatura y la
cultura cubana de otras partes del mundo. Específicamente, los textos de
autoras afrocubanas como Nancy Morejón, Georgina Herrera, Excilia Saldaña,
Teresa Cárdenas, los libros Reyita y Golpeando la memoria, de Daysi
Rubiera… resultan las autoras y textos de mayor visibilidad y
reconocimiento internacional.
Llegado a este punto me surgen varias interrogantes: ¿Es en la poesía,
la literatura para niños y en el testimonio dónde la literatura escrita
por afrocubanas ha logrado expresar con un alto nivel estético las
complejas problemáticas que se derivan de su doble condición subalterna?
¿Qué marcas y procedimientos escriturales, más allá de las referencias
al mito y al etnotexto, nos permiten aseverar que estamos ante la
presencia de una escritura y una cosmovisión del mundo que emana de un
sujeto negro? Son respuestas en la que la crítica cultural encargada del
análisis de las obras literarias cubanas que están produciendo estas
identidades tendrá que continuar ahondando. Nótese que escribo crítica
cultural, y no literaria a secas.
Considero que el espacio de la narrativa escrita por mujeres negras sigue
siendo una provincia poco atendida por la crítica. (Cuando hablo de crítica
a la literatura producida por afrocubanas; me refiero -claro está- a los
estudios que se realizan fuera de la Isla, por colegas extranjeros quienes
parecen haber acaparado el tema). A pesar de que existen nombres como los
de Isnalbys Crespo, Elvira García Mora. Paradójicamente, un cuento de ésta
última, incluido por Salvador Redonet en su memorable antología: Los últimos
serán los primeros, es considerado como fundacional en este tipo de
escritura. Digo, paradójicamente porque su asunto y el mundo que recrea
no sólo se abordada desde una perspectiva de género, sino también
racial.
Lo que intento significar es que estamos frente a un movimiento que está
muy lejos de haber agotado todas sus posibilidades de estudio. Y donde
intervienen otras regularidades generacionales, de formación literaria,
el lugar desde donde las autoras producen sus textos (no siempre ni
necesariamente La Habana), etc.
Al mismo tiempo, existe una dificultad para la crítica ávida de
auscultar este proceso. Y estriba en el autoreconocimiento de esta doble
condición: mujer y negra. Aclaro que por autoreconocimiento me refiero a
un hecho que va más allá del punto de vista o el posicionamiento de
enunciación de las propias autoras. Hablo del hecho de asumirse públicamente
desde esta doble condición: la de mujer y negra.
La autora de Sobre las olas… es, actualmente, en Cuba una de las
intelectuales más informada sobre las teorías del feminismo negro, y
también sobre las obras de ficciones producidas por escritoras
afrodescendientes en Latinoamérica y el Caribe.
La primera vez que tuve noticias de estos relatos fue en 1990. Por esa
fecha uno de ellos obtuvo el premio en el concurso de cuento femenino
convocado por El Colegio de México y Casa de las Américas.
Posteriormente, en 1993, una muestra muy breve de los mismos vieron la luz
en una plaquet, que publicó la Editorial Letras Cubanas bajo el título
de Algo bueno e interesante.
Las historias que se nos cuenta en Sobre las olas seducen por la manera en
que están narradas. En ellas la música es uno de sus motivos más
recurrentes. El mismo título del libro, que ahora el lector tiene entre
sus manos, es un préstamo que Inés María Martiatu toma de un vals del
compositor mexicano, Juventino Rosas. Otro de los relatos, “Una breve y
eléctrica sensación”, se inicia cuando suenan los primeros acordes de
una orquesta. Entonces, como poseída por un hechizo, una niña, siente
que su cuerpo empieza a vivir una transformación inusual. En “El re es
verde”, una maestra de kindergarten musical, Madame Paulette, le asegura
a sus discípulos, que las notas musicales están hecha de colores… La música
siempre, ella, desde su potencial perturbador que convoca a su alrededor
los imaginarios de lo popular, la identidad racial, la memoria.
También estos relatos nos hablan del desarraigo familiar y existencial
que algunos de sus personajes arrastran como una marca atávica. La falta
de anclaje que hunde sus raíces en los orígenes diaspóricos del pueblo
negro. La manera brutal, con que fue transplantadas a este lado del Atlántico.
Pero vividos como atributo de una subjetividad y una existencia frente a
la que el lector queda desarmado.
En “La duda” luego del inicio de una relación amorosa entre Matilde y
la protagonista, que se ve frustrada por la intervención de las mojas. La
primera (Matilde) es enviada con su familia, y la otra a un convento de
negras en Estados Unidos. De ésta última nos dice la narradora: “Ella
no dejaba nada atrás ni siquiera el recuerdo de una familia. Había
salido muy pequeña de su casa para establecerse en aquel lugar sin tiempo
y sin posibles referencias personales que era el convento. No podría ya
recordar su casa, su origen, sus hermanos…”
Paradójicamente, también es la mujer negra, en el espacio doméstico,
quien mantiene viva la memoria, a través de la cháchara, el parloteo
familiar. Ella articula los fragmentos distantes y dispersos de esa
memoria lacerada, y los trae al presente. Ningún otro, como el novelista
cubano Eliseo Alberto, ha descrito, de manera inigualable, la sensación
que invade al lector de Sobre las olas cuando apunta:
“A veces el futuro está a la espalda. Los yorubas nos enseñaron que
cuando no supiéramos hacia dónde íbamos, miráramos atrás para
recordar de dónde veníamos. Inés María carga sobre los hombros el
tesoro de la palabra. Todos los caminos conducen a esa novela llamada mar,
escrita ola a ola”. Eliseo Alberto”.[2]
Si tuviera que elegir una de estas historias, me inclinaría, sin vacilación,
a favor de “Una y otra vez “. Se trata de un relato circular, con
cierto hálito borgeano.
Por el asunto que recrea (el mito de Sikan, a partir del que surge la
Sociedad Secreta Abakuá); y determinadas marcas biográficas, el lector
tiene la impresión de que se trata de un homenaje a la grabadora cubana
Belkis Ayllón y su estética desacralizadora.
Los motivos del sueño, el espejo, el cuerpo prisionero dentro de otro
cuerpo (el de la memoria, lo ancestral). El río, que aparece siempre en
el sueño de la protagonista. Al igual que el espejo, tienen una connotación
simbólica: “[…] cuídate de los espejos, son objetos peligrosos.
Nadie sabe a dónde te pueden llevar.” Le advirtió en una ocasión el
profesor. A medida que se desarrolla la historia, estas palabras adquieren
un carácter de sentencia. Van mostrándonos los presuntos misterios que
en sus inicios estaba designando.
El espejo y el río establecen las demarcaciones espacio temporales entre
dos mundos: el sueño y lo real, la memoria, la tradición, el rito y el
presente. Entre el de la exclusión, la tachadura por un orden y una
cosmovisión del mundo patriarcal, y el ahora. El primero, como centro,
contiene al segundo. Su historia es la que dota de sentido vital y
existencialmente el presente del personaje. Por eso el pasado (el sueño,
el río, el espejo) tienen esa superficie espejeante a través de la cual
ambos mundos se interconectan, yuxtaponen, parecen reflejarse a sí mismos.
De ahí que, en un nivel diegético, ambos funcionen a manera de inversión.
Ella, la protagonista de la historia, debe emprender ese peregrinar, la búsqueda
de lo primigenio, pero el viaje se torna en un gesto de transgresión,
irreverente y necesario.
Y es que lo primigenio aquí no ratifica el mito; sino que lo relee, lo (re)escribe
desde una perspectiva de género. El cuerpo sexuado de la protagonista,
hasta entonces constreñido, por este mecanismo, es liberado. Aunque, el
rito prosigue: el sacerdote es siempre otro y el mismo. “El sacerdote
tiene que seguir una vez más los designios de los dioses, porque la
muchacha de los ojos como asombrados estará aquí siempre para hacerse
voz. Una y otra vez, mujer y voz, misterio y voz. Para siempre. Una y otra
vez. Por el resto de los tiempos. Una y otra vez [p.165].”
Sobre las olas, sus fascinantes y entrañables criaturas, son también la
memoria de una región de la historia de la nación cubana poco visitada
por la crítica y la teoría literaria cubana: el de la mujer y las
familias negras; sus vicisitudes y expectativas. Inés María Martiatu
elige precisamente esa región como posicionamiento para enunciar estas
historias, narradas con plena conciencia que es desde ese y no otro el
lugar desde donde desea hablarle a sus lectores.
Alberto Abreu
[1]
Over the Waves and other Stories/Sobre las olas y otros cuentos. A
bilingual edition. Swanisle Press, University of Chicago Press,2008.
[2]
Sometimes the future is behind us. The Yorubas have taught us that when we
do not know where we are heading, we should look backwards to recall where
we came from. Inés María carries on her shoulders the treasury of the
word. All paths lead to that novel called the sea, written wave after
wave. Eliseo Alberto.
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