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Dr. C. Esteban Morales Domínguez
Universidad de La Habana
Member of the Academia de Ciencias de Cuba

Dr. Morales is an economist at the Center for U.S. Studies (CESEU) at the University of Havana. In 2007 he mounted an attack in Jiribilla (El tema racial y la subversión anticubana) and Cuba Debate on NED funded exiles who are criticizing Cuba on racial issues  He also issued abundant writings that could scarcely be accused of sugar coating Cuba's race problems. In fact, his 385 page report published in 2008 by Cuba's Editorial de Ciencias Sociales, Desafíos de la problemática racial en Cuba (The Challenges of the Racial Problem in Cuba), is cited extensively on all sides, even in the Acting on Our Conscience Briefing written in support of Cuban "black civil rights" dissidents.

Dr. Morales wrote an article on corruption in Cuba, Corruption: The true counter-revolution?, which was published on the UNEAC site in April, 2010, but was then subsequently taken down. On June 28th, 2010, the Havana Times stated that Dr. Morales was expelled from the Communist Party as a result of this article, which must have hit too close to home. Those commenting this event, both on the left and the right, don't usually mention his extensive record of working on issues of race in Cuba, which is not seen as a factor in his case. 

In May, 2015, Esteban Morales attended the Congreso Internacional Afrodescendiente “Ciudadanía, Etnia y Territorio” with Piedad Córdoba in Bogotá:

 




Some of Esteban Morales' accessible writings:

Corruption: The true counter-revolution?  4/21/2010 Progreso: "Without a doubt, it is becoming evident that there are people in positions of government and state who are girding themselves financially for when the Revolution falls, and others may have everything almost ready to transfer state-owned assets to private hands, as happened in the old USSR. Fidel said that we ourselves could put an end to the Revolution and I tend to think that, among other concerns, the Commander in Chief was referring to the questions relative to corruption. Because this phenomenon, already present, has continued to appear in force. If not, see what has happened with the distribution of lands in usufruct in some municipalities around the country: fraud, illegalities, favoritism, bureaucratic slowness, etc. In reality, corruption is a lot more dangerous than the so-called domestic dissidence. The latter is still isolated; it lacks an alternative program, has no real leaders, no masses. But corruption turns out to be the true counter-revolution, which can do the most damage because it is within the government and the state apparatus, which really manage the country's resources."

Corrupción: ¿la verdadera contrarrevolución?  4/15/2010 Desde la Habana. Originally published on the UNEAC site, but then taken down.

Desafíos de la problemática racial en Cuba  2/13/2008 Jiribilla: "La aparición del libro Desafíos de la problemática racial en Cuba (Fundación Fernando Ortiz, 2007), del economista y politólogo, Esteban Morales Domínguez, constituye de por sí un hecho trascendente dentro del campo de las Ciencias Sociales cubanas de hoy. El retraso de un estudio que, además de la perspectiva histórica, incluyera un análisis de la cuestión de la raza en la Cuba revolucionaria, ha postergado un debate que se ha realizado mayormente fuera de la Isla o hacia el interior de nuestra sociedad civil. Esta aproximación científica contribuye a legitimar la importancia de asumir el tema racial dentro de las agendas investigativas institucionales y dentro del diseño y puesta en práctica de las políticas sociales y culturales en el país."

New book focuses on racial issues in Cuba - Its author, Esteban Morales, scrutinizes the topic of race relations in the island from colonial times to present day.  2/4/2008 Cuba Now: "Economist, political scientist and essayist Esteban Morales Domínguez has repeatedly stated, in several articles and interviews, that lack of cultural knowledge and ignorance, among other factors, have played an important role in helping silencing and omitting racial issues in Cuba, rendering the topic unworthy of public debate. The publication of his book, Challenges posed by racial issues in Cuba, recently launched at Fernando Ortiz Foundation in downtown Havana, has opened one more space to fight back apathy and indifference, thus promoting awareness among those who still consider that the Negro issue does not call for assessments or scrutiny."

Letter quoted in: James Early: Carlos Moore's Outcast Vision and Dangerous Deceit  12/28/2008 CubaNews: "As I've previously mencioned, Moore and others are part of a recent trend to claim that Obama's election is some kind of threat to Cuba because Obama is Black and because, supposedly, this means that Cuban government can no longer say that the United States is racist. As I've mentioned more than once before, Cuba DOES continue to have racial problems, but they are both nothing compared to the racial problem which are widespread in the United States. Their origins and nature are quite different and it's extraordinarly disingenuous to try to conflate them as the group of people such as Carlos Moore, the Miami Herald, and others, all of whom have a long history of hostility toward the revolutionary government in Cuba, have been trying to do."  James Early is on the Board of Directors of TransAfrica Forum. 

El tema racial y la subversión anticubana  9/8/2007 Jiribilla: "Los negros de Cuba luchan todos los días en los espacios abiertos, que ya son muchos, sin dejarse engañar por aquellos, que lo primero que tendrían que hacer sería superar la republiqueta racista, modelada a imagen y semejanza de los años cincuenta en Cuba, que le han construido a los negros cubanos de Miami, la extrema derecha cubano-americana. Dejando prácticamente a la inmensa mayoría de los negros que allá viven, en el mismo lugar que ocuparon en la Cuba neorrepublicana, solo que casi 50 años después. Y ni siquiera hablar de que puedan los negros prosperar en cuanto al acceso al poder. El poder allá, es sólo para los blancos ricos, como lo fue en Cuba antes del triunfo de la revolución."

La problemática racial cubana actual:
consideraciones para un modelo de análisis  
por Esteban Morales Domínguez
Ilustración: Marcel Lueiro Cuba: las metáforas del color
Octubre de 2005
Algunos desafíos del color
Septiembre de 2006
El tema racial y la subversión anticubana
Septiembre de 2007
Cuba: Raza y República

 

POR QUÉ ES NECESARIO UN PLAN DE ACCION 
PARA MEJORAR LA SITUACION DE LOS NEGROS Y MESTIZOS EN CUBA. 11/6/2001top

Por Esteban Morales.
UNEAC.

La llamada “Acción Afirmativa”, surgió con particular fuerza en los Estados Unidos, en el contexto o más bien, con posterioridad a la lucha por los derechos civiles, en los años sesenta.1

Pero la acción afirmativa debe ser reconceptualizada. Es decir, no se debe entender ni aplicar, como la elevación del color o la raza a categoría de privilegio, para otorgar ventajas por el hecho de no ser blanco. Ello, dentro de la propia experiencia norteamericana expresada por muchos, con toda razón, tiende a comportarse como una especie de “racismo a la inversa”.2

Muchos blancos en Estados Unidos, se quejan de que ellos no tienen el privilegio que la “raza” otorga a otros. Entonces surgen varias contradicciones.

1-Los blancos, que siempre habían ostentado el poder y la hegemonía social, sienten que la van perdiendo por no pertenecer a los grupos raciales preteridos.

2- Se incrementa el odio racial, bajo la forma de los llamados “grupos extremistas”, como resultado de que aquellos que siempre fueron privilegiados por el color, ahora sienten que esos privilegios son otorgados a los que nunca los tuvieron.

3- La clase media negra en los Estados Unidos, en alta proporción, se opone a la acción afirmativa, a partir de que considerar que ella los rebaja ante los blancos, a pesar de que muchos, por sus esfuerzos, han logrado equiparárseles. Lo sienten como un lastre moral, cómo algo que conlleva el considerarlos inferiores ante aquellos que históricamente los explotaron.

Esta última posición, implica también cierto grado de acomodamiento, de los que olvidan a una masa importante de negros, la mayoría de esa población, que aun vive por debajo de la línea de pobreza en los Estados Unidos.

¿Pero en la sociedad cubana actual, es necesario poner en práctica algo similar a lo que se ha intentado resolver con la acción afirmativa?
 
En el caso de Cuba, en la que la esclavitud duró tanto (oficialmente hasta 1886) y en la que durante la lucha por la independencia no triunfaron aquellos sectores que querían una república “con todos y para el bien de todos”, a lo cual le acompañó la Intervención de Estados Unidos, la pobreza también fue masivamente blanca, pero la riqueza nunca fue negra y así se mantuvo durante toda la república. A pesar de que dentro de esta última, algo se avanzó en comparación con la etapa colonial esclavista.

Dentro de la masa de pobres, los negros y mestizos compartían la pobreza con los blancos, pero dentro de un contexto y mecánica social en el que los propios blancos pobres, ejercían la discriminación racial y el racismo contra los que, en última instancia, desde el punto de vista económico y cultural, eran sus compañeros de infortunio. Es decir, el blanco, aunque pobre, tendía a sentirse superior al negro y lo discriminaba.asi se comportaba. Lo cual obedecía, a que a pesar de ser pobre, se desenvolvía dentro de una dinámica social, que le permitía salir con menos dificultad de la pobreza, que al negro y el mestizo.

Los negros y mestizos en Cuba, por su color, situación social y desventajas heredadas, de todo tipo, que tenían su trasfondo más lejano en la esclavitud, eran discriminados por ser pobres y por ser negros o mestizos, lo que los convertía en víctimas de una doble discriminación.

En Cuba, cierta “Acción afirmativa”, sin así denominarla, se ha dirigido a todos los pobres, con independencia del color de la piel. Por medio de una política social extraordinariamente humanista. Pero resulta imposible olvidar, que los negros son los más pobres, los que viven en las peores condiciones, los que menos probabilidades tienen de aprovechar las ventajas de la política social humanitaria de la revolución, los discriminados por el color. Son además, los que menos remesas reciben, dado la limitada presencia de negros y mestizos en la emigración y a los que les resulta más difícil conseguir un empleo bien remunerado, en aquellos sectores de la economía más atractivos y de mejores ingresos, ligados a la economía del dólar. Es que aunque resultasen igualmente pobres, la pobreza no es la misma para negros, blancos y mestizos.

Cualquier blanco pobre puede ser discriminado, pero en general, nunca lo será también por el color, lo cual aun es una realidad para los negros y mestizos en Cuba. Aunque también existan los llamados “blancos de orilla”, que son discriminados dentro de su propio grupo racial. El racismo y la discriminación no solo se ejercen contra los negros, aunque sí preferiblemente contra ellos, sino que existe dentro de los propios negros y mestizos y entre los blancos, lo que convierte el asunto en una disfuncionalidad social generalizada.

Lamentablemente, son muchas las razones históricas y contemporáneas, por las cuales, negros y blancos y mestizos, no son aun iguales dentro de nuestra realidad social. Son muchos los lastres aun insuperados y las imperfecciones de nuestra sociedad actual, como para poder afirmar que hemos llegado a la igualdad, con independencia del color de la piel. Sin dudas, en Cuba existe la igualdad de derechos, pero la igualdad social es algo aun mucho más complejo de alcanzar.

Aunque se han ejercido y debemos continuar haciéndolo, acciones encaminadas a ayudar a todos los pobres para superar su situación, aunque en el caso de los negros y mestizos, deben desarrollarse acciones dirigidas específicamente a eliminar las desventajas adicionales, derivadas del color de la piel. Lo cual no es solo una cuestión económica sino también cultural.

Porque los blancos se hicieron pobres dentro del proceso general de la explotación colonial primero y capitalista después, lo que afectó a todos, a veces con independencia del color de la piel; pero los negros, que vinieron como esclavos, eran todos pobres al cesar la esclavitud y así permanecieron. Así se mantuvieron durante la república y aun no han podido, en su inmensa mayoría, salir de esa situación. En ello, el racismo y no solo la explotación colonial o capitalista, han tenido una gran responsabilidad.

La república, no engendró el racismo, pero lo aprovechó muy bien, para explotar al negro e inculcar las divisiones dentro de la clase obrera, basadas en el color de la piel.

No se trata de que en Cuba elevemos el color de la piel a parámetro de privilegio, pues hay también una población blanca que necesita mejorar su situación, pero no hay de que la población negra y mestiza necesita, con particular fuerza, de acciones adicionales encaminadas a eliminar las desventajas derivadas del color de la piel, que se han acumulado durante años. 3

Se trata entonces, de que hay personas en Cuba, que por ser negros o mestizos, les costaría más trabajo y les llevaría más tiempo equilibrar las diferencias con el resto de la población. La prueba más fehaciente de ello la tuvimos durante la crisis económica de finales de los ochenta y principios de los noventa. Fueron negros y mestizos entonces, los que más se afectaron por esa crisis, debido a que estaban más lejos de haber logrado un nivel de vida consolidado.4 

Entonces, la única forma de ir mejorando la situación antes apuntada, es tomarla en consideración, aplicando una política social, que partiendo de esas diferencias, que engendran desigualdades, ayude de manera especial a los que más atrás están y esos en su mayoría son negros y mestizos. No le llamemos a esa política “Acción Afirmativa” para evitar confusiones y comparaciones no válidas en el caso de Cuba, pero debe ser sin dudas, una política dirigida a equilibrar las diferencias existentes en nuestra sociedad, que están asociadas al color de la piel. Debe ser una política dirigida a situar a los negros y mestizos dentro de contexto social que nunca fue logrado en Cuba.

Como digo en mi artículo “Acción afirmativa: un asunto para el debate”, no comparto, ni creo que la acción afirmativa, tal y como esta se ha conceptualizado y aplicado en los Estados Unidos, sea lo que se aviene a nuestras necesidades, pero hace falta acciones específicas, que sin elevar el color a la categoría de privilegio, reconozca que el color de la piel es todavía una desventaja, una variable de diferenciación social y la tome en consideración, para equilibrar la situación de una parte importante de nuestra población. Es ese el único modo de equilibrar a los tuvieron puntos de partida tan diferentes; a los que llegaron prisioneros como esclavos en los barcos negreros con los que vinieron por voluntad propia, buscando la fortuna, que no pocas veces lograron.

Esas diferencias sociales, económicas y culturales, existen todavía en nuestra sociedad y el único modo de borrarlas es tomarlas en consideración, partiendo de la aceptación de la existencia de desigualdades relacionadas con el color de la piel, desplegando acciones encaminadas específicamente a eliminarlas..A tales acciones pudiéramos denominarlas “Políticas en busca de la equidad y la justicia social para todos”.

Junio 11 del 2011.


1 Este articulo debe ser leído en combinación con mi otro trabajo “Acción Afirmativa: una invitación al debate “, En el blog de Esteban Morales.

2 Para ver esa re conceptualización, consultar el artículo mencionado más arriba. Aunque en realidad, la llamada Acción Afirmativa, junto a las medidas del denominado Black Capitalism, resulto un modo de pacificar la Lucha por los Derechos Civiles y descabezar al movimiento negro, que no ha sido mas nunca lo que fue en los años sesenta.

3 Siempre hemos criticado, que lamentablemente, nuestras estadísticas no reflejan esta situación con suficiente claridad, impidiendo hacer análisis más objetivos sobre el particular .La tendencia a no reflejar estadísticamente las diferencias raciales es algo que afecta seriamente la especificidad de la política social.

4 La crisis económica de la segunda mitad de los años ochenta y principios de los noventa, sirvió como un parte aguas para esclarecernos de que el racismo y la discriminación racial no se habían resuelto, ni su solución avanzaba a la velocidad que habíamos supuesto.

 

Carta a los autores Jean Guy Allard, Marina Menéndez y Daisy Francis Mexidor en Granma, 22/3/11top

Marzo 22 de 2011

From: Esteban Morales Domìnguez
To: correo@granma.cip.cu
Sent: Monday, March 21, 2011 4:55 PM
Subject: Comunicacion.

Periódico Granma.
Órgano  Oficial del Partido Comunista de Cuba.
La habana.

Estimados Compañeros Jean Guy Allard, Marina Menéndez y Daisy Francis Mexidor.

En la sección La razones de Cuba.  En el articulo ¿AGENTES PARA EL CAMBIO? Parte  Hipocresía Imperial, p.05, se dice  lo siguiente:

“En la actualidad, concursos promovidos desde la Oficina de Intereses también buscan acercarlos e imponer en su obra la agenda  con que  Estados Unidos  pretende dividir a la sociedad cubana, trasladando a ella-o magnificando-conflictos inexistentes aquí como lo relacionado con el tema racial.”

Aunque se trata de un buen y merecido articulo, no comparto este párrafo, pues lo considero inadecuado, debido a las  razones siguientes:

-¿Basado en que se asegura que el conflicto racial en Cuba es algo inexistente?

-¿Acaso, los que como yo, que hemos escrito bastante sobre el tema, lo que estamos es haciéndole el juego  al  imperialismo?

-¿Acaso,  le hacen el juego al imperialismo los compañeros  Fidel y Raúl, que en múltiples ocasiones y espacios diferentes se han referido al tema?

-Es cierto que la contrarrevolución, sobre todo interna, magnifica y sobredimensiona el problema, pero de eso a decir que el conflicto racial en Cuba, es algo inexistente, va un espacio importante.

-Es cierto que la Intervención Norteamericana, hacia finales del siglo XIX y principios del XX, contribuyo  bastante a la agudización del racismo en Cuba y lo continúo haciendo en la república. Pero no fue Estados Unidos el que lo trajo. El racismo, como todos sabemos, vino de la mano del régimen colonial esclavista implantado en Cuba por España, más de un siglo antes de que  Estados Unidos  diseñara oficialmente su política para apoderarse de Cuba, arrebatándosela a España y frustrando nuestra independencia.

Fraternalmente.

Dr.Cs. Esteban Miguel Morales Domínguez.
Miembro de la Academia de Ciencias de Cuba.
Miembro de la UNEAC.
Domicilio: calle Ayestaran No. 24 Apto.4-5, Cerro, La habana,
Teléfono: 878-6495.

Visite: http://www.estebanmoralesdominguez.blogspot.com/

Esteban Morales expelled from the Communist Party for his article on corruption, 6/29/10top

So far, there has not been much comment on the fact that while many have criticized the corruption in Cuba, it is only the leading researcher on race in Cuba who is singled out for punishment. They refer to him as a specialist on US affairs.

El misterio de la Santísima Trinidad  7/12/2010 Kaos en la Red: de Esteban Morales - "Pero los verdaderos corruptos no son los que venden leche en polvo, ni siquiera los que venden bienes duraderos a las mismas puertas de los supermercados, sino los que desde sus cargos en el gobierno y en el estado, controlan y abren los almacenes. Son esos, los que debemos remover de los cargos estatales, pues son los que de verdad manejan los recursos del estado y las posiciones cómodas, que a veces les facilitan a sus amigos. ¿O de donde salen los colchones, televisores, aires acondicionados y otros productos duraderos, que se vocean y venden a las mismas puertas de las “shoppings”?, ¿de donde salen esos productos, duraderos? Se trata del propio funcionario estatal corrompiendo hacia abajo. Porque nadie importa esos productos, ni compra la leche en polvo en el exterior, ni disfruta del poder como ellos, de abrirles los almacenes a los delincuentes."

Cuba Communists want member expelled for essay  7/6/2010 AP: "Esteban Morales, a historian who has long written on race and relations with the United States, was ordered removed by a party committee in Havana's Playa district, said Pedro Campos, a former Cuban diplomat who once worked as a researcher under Morales at the University of Havana's Center for the Study of the United States. But grass-roots party members in Playa said they considered the committee's action too harsh and rejected it, and Morales said he would appeal the sanctions, according to Campos. Neither the party nor Morales have commented on the case, and it was unclear if Morales has been formally removed from the party yet."

Corrupción en las altas esferas del poder de la isla
  7/4/2010 Clarín, Argentina: "Cuba está viviendo una dura lucha interna dentro de los estamentos de poder entre intelectuales que denuncian graves casos de corrupción y funcionarios que intentan mantener a toda costa un sistema del que se están favoreciendo personalmente con enormes cantidades de dólares… El caso Morales ya inunda los blogs en Internet, particularmente los leídos por los funcionarios cubanos y los disidentes “socialistas”. En cambio, tuvo menos repercusión entre los exiliados en Miami."

Cuban communist party expels intellectual for exposing corruption
  7/2/2010 The Guardian, UK: "To publish an attack on high-level corruption on a state-controlled website was fairly amazing," said one European diplomat. Rumours of a corruption scandal involving Havana airport have been circulating for months. Rogelio Acevedo, the civil aviation minister, and Jorge Luis Sierra Cruz, the transport minister, have been fired. In addition to this, dozens of airport employees have been arrested, amid claims that state aircraft were used for private gain."

Esteban Morales supuestamente expulsado del partido comunista  6/29/2010 CubaNet: "Según las fuentes, el Doctor Esteban Morales, fue expulsado de la organización por órdenes del más alto nivel. Los miembros del comité comunista de su centro de investigaciones, que hicieron resistencia al mandato, también fueron sancionados, aunque a penas menores. Morales es un destacado panelista sobre temas norteamericanos en la Mesa Redonda de la televisión cubana."

Cuba Needs Dialogue without Sectarianism  6/27/2010 Havana Times: "Recently, after he published an article warning of the danger posed by State corruption to the Revolution, the noted revolutionary communist and intellectual Dr. Esteban Morales —a black man who is perhaps our most accomplished specialist in US affairs— disappeared from the Mesa Redonda [“The Round Table,” a daily evening news commentary program shown on almost all channels in Cuba]. He had traditionally participated on that program when issues related to the US were dealt with. In that same vein, Party activists have also been fired from their jobs or had their e-mail addresses and accounts withdrawn for spreading ideas about participative socialism. Other acts of harassment to which people have been subjected, I prefer not to disclose here, for many reasons."

Cuba: El carnet se fue con los sancionadores, la militancia comunista se quedó con Esteban  6/27/2010 Kaos en la Red: "Si esta sanción burocrática no es prontamente rectificada se estarían mandando mensajes muy confusos a la militancia, al pueblo, a la izquierda internacional."

Esteban Morales Booted from Cuba’s Communist Party  6/28/2010 Havana Times: "Esteban Morales, PhD., has been “separated from the ranks” of the Communist Party of Cuba (PCC) for his publication of an article denouncing what he considers the counter-revolutionary corruption and bureaucracy that exists in the country. The Playa Municipal Committee of the PCC communicated its decision to the grassroots level of the Party."

Esteban Morales niega sanciones por su artículo sobre la corrupción  6/8/2010 Diario de Cuba: "Morales, investigador del Centro de Estudios sobre Estados Unidos, de la Universidad de La Habana, calificó de "fallidas" las informaciones que circulan en medios académicos y disidentes sobre una supuesta sanción en el seno del Partido Comunista. Sin embargo, el profesor admitió a DIARIO DE CUBA que, tras publicarse el artículo, hubo varios "análisis y discusiones", que no detalló. Otras fuentes consultadas por este periódico indicaron que era lógico que Morales negara la existencia de la sanción, "porque eso sólo complicaría su débil situación actual"."


Corruption: The true counter-revolution?  4/21/2010 Progreso: by Esteban Morales "Without a doubt, it is becoming evident that there are people in positions of government and state who are girding themselves financially for when the Revolution falls, and others may have everything almost ready to transfer state-owned assets to private hands, as happened in the old USSR. Fidel said that we ourselves could put an end to the Revolution and I tend to think that, among other concerns, the Commander in Chief was referring to the questions relative to corruption. Because this phenomenon, already present, has continued to appear in force. If not, see what has happened with the distribution of lands in usufruct in some municipalities around the country: fraud, illegalities, favoritism, bureaucratic slowness, etc. In reality, corruption is a lot more dangerous than the so-called domestic dissidence. The latter is still isolated; it lacks an alternative program, has no real leaders, no masses. But corruption turns out to be the true counter-revolution, which can do the most damage because it is within the government and the state apparatus, which really manage the country's resources."

Corrupción: ¿la verdadera contrarrevolución?  4/15/2010 Desde la Habana. By Esteban Morales, originally published on the UNEAC site, but then taken down.

 

Further writings & interviewstop

Translations of Esteban Morales' writing on Walter Lipmann's site
http://tinyurl.com/2ur3a8a

Disparos sin escopeta - Entrevista con Esteban Morales  10/29/2008 Alma Mater 

Cuba: Raza y República, 10/07

Anti-Cuban subversion: the race issue
,
9/07 
El tema racial y la subversión anticubana
,
9/07

Malcolm X: An Unyielding Revolutionary, 7/07

Cuba: Color de la Piel,  Nación, Identidad y cultura: ¿ un desafío  contemporáneo? 6/07 [27 pages, PDF, 245kb]

Cuba: Algunos Desafios del Color, 1/07 [49 pages, PDF, 315kb ] 

SMITH, Wayne S, and Esteban MORALES DOMINGUEZ, ed - Subject to Solution: Problems in US-Cuban Relations. (Boulder and London: Lynne Rienner Publishers) xvi,158 pages 24 cm hb, biblio, index, 1988. International relations. United States . Cuba . The result of a series of meetings between US and Cuban scholars organized by Johns Hopkins U and U of Havana in 1985, 86, and 87

Challenges of the racial question in Cuba, 10/2008top

Esteban Morales Domínguez 
Professor of Economics and Political Science at the University of Havana 

(This is a summary of Desafíos de la problemática racial en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 2008. This article originally appeared in Spanish in Temas No. 56, octubre-diciembre, 2008, pp. 95-99. The book is presently being translated for publication in English.)

 There are very few contemporary writings on the subject of race in this country, and the ones that do exist are by-and-large found in magazines, especially in Temas and Catauro[1] There has been more publications abroad dealing with the subject on a contemporary basis. Aline Helg, Alejandro de la Fuente, and Carlos Moore are noteworthy for their extensive research. But none of them share the vicissitudes of daily life in Cuba with us, and this can be seen in their writings, even though they make notable contributions, whether or not we might share some of their opinions.
 
This situation tells us that in addition to the difficulties associated with this subject within present-day Cuban society – something we will deal with later – we have in effect handed over to them the task of analyzing a problem of vital importance in the country’s life, with the resultant danger that – in response – we find ourselves having to clarify matters about which we have still not been able to have a scientific discussion of our own. Therefore, it is of prime importance that we try to work out our own vision, from the Island, of the racial problem in Cuban society in these complex times.
 
This objective encompasses a desire to examine the existence of this problem within present-day Cuban reality; making clear that it is not simply a case of inherited burdens, but rather is something that our society is still capable of generating; and calling attention to the danger that racism and discrimination could again take root as part of the macro consciousness in today’s society.
 
The fundamental problems that we run up against regarding the subject of race include ignorance about it, continual avoidance of the topic, as well insufficient treatment of the subject. Many people feel that it is not worth talking about this topic.
 
In Desafíos de la problemática racial en Cuba[2] , which this article summarizes, my aim was to develop a model for studying and researching this subject – in order to fill the need to theorize about it – and to examine the scope and form in which many phenomena are studied at present. In reality, with the exception of some of the investigative works of the Anthropology Center of CITMA [Ministry of Science, Technology, and Environment], which are still unpublished,[3] we did not fimd earlier studies that are worthy of mention regarding either of those two aims. The vast majority of the Anthropology Center studies are the fruit of very praiseworthy research that has gotten caught up in the whirlwind of bureaucracy, ignorance, and fear of publicizing the findings. [4]
 
It might seem that racism and discrimination had disappeared from Cuban society. At least that is what many believed. But the economic crisis of the end of the 1980s and beginning of the 1990s, with its strong traces of a social crisis, caused racism to resurface with the virulence that can be expected from a problem that, having been seen as solved, in fact was not. To imagine it had been solved was a form of the worst kind of pure idealism.
 
Racism and racial discrimination was eliminated from the institutional frameworks of the state and the government with the triumph of the Revolution in 1959. But the phenomenon maintained a toehold in the family, individual attitudes, and some institutions, and today there is the danger of its reestablishment in the macro consciousness of Cuban society. And this could take place through mechanisms that inject prejudice and negative racial stereotypes into the population, as well as through the dynamics of relations between the formal institutions and the informal networks of power.[5]
 
Therefore, we need to take stock of this phenomenon. We need to examine the mechanisms through which it spreads and how to help design tools that allow us fight it. In this regard I begin from a series of premises.
 
Racism arose from slavery. In the Americas slavery took the form of color. Blacks, most of the time poor, were brought in the slave ships from the west coast of Africa and turned into slaves. It did not take long for the enslavement of some human beings to be justified on the basis of their being black.
For generations, blacks and their descendants occupied the lowest rung in Cuban society – first colonial society and then neocolonial society. And we cannot expect that in a little less than a half-century since its triumph, the Revolution could fully lift them out of their situation of inferiority. All the more so if we consider that owing to certain historic vicissitudes, of all the social problems that the Revolution tackled since 1959, the racial question may have been the theme on which there has been the least progress.
 
We should not confuse the degree of social justice achieved by all the racial groups that make up our society today with the disappearance of racism, because racism is a very complex, multidimensional, and multicausal matter that does not disappear solely through achievement of higher levels of social justice. Cuba is a tangible example of that.
 
In the years immediately following the triumph of the Revolution, social, economic, and political conditions emerged that practically made “color” disappear from the considerations of the typical Cuban, conditions which, in turn, also encouraged an idealistic view on the part of the political leadership as well as the majority of the citizenry – including the vast majority of blacks – that it was possible to forget about racism.
 
In 1959, the chief of the Revolution had frontally and very forcefully attacked the existing racial discrimination, which had been a direct inheritance from republican Cuba. However, not long afterwards, the language changed, the case was seen as “closed,” and in 1962 the matter was declared solved. After that a long period of silence ensued.
 
In practice, the subject was no longer spoken of, until it reappeared in the second half of the 1980s, when the political leadership itself raised it. The more complex conditions that had encouraged silence concerning the subject of race gave way to the economic and political shockwaves of the end of the 1980s and the beginning of the 1990s, giving rise to a more realistic vision about what had actually occurred with racism, which encouraged a more objective and critical analysis of the situation.
 
Proclaiming in 1962 that the problem of racial discrimination and racism had been solved was an error of idealism and wishful thinking. As a direct result of that, the subject of race has become the most avoided and ignored topic in our social reality. A significant segment of our intelligentsia pays it no attention and does not even deem it worthy of consideration, as a result of which there are even major differences among our intellectuals over where we stand in terms of the consolidation of the nation and its culture. However, speaking scientifically, I do not think there can be the slightest doubt that when we talk about “race” in Cuba – even though this is a social invention – we are talking about culture and nation.
 
Moreover, turning the subject into a taboo, removing it from all social and political arenas, gave rise to a social environment that made it more difficult to refer to racism. Those who brought it up were ideologically and politically repressed. In the sphere of culture the subject of race was still broached to a degree, but from the standpoint of the sciences it was impossible to do research on it, and especially to write about it. According to the prevailing view at that time, in the midst of the political confrontation of those years, anyone who critically analyzed racism was playing into the hands of those who wanted to socially divide Cubans, and it earned them the epithet of being a racist or a divider, or both.
 
If you don’t deal with “skin color” as what it is, a historical variable of social differentiation among Cubans, you can forget that blacks, whites, and mestizos did not start from the same place in taking advantage of the opportunities that the Revolution provided them. So it was overlooked that many of the poor were black, which represents an additional disadvantage, even within present-day Cuban society.
 
Color exerted its influence and even though blacks and mestizos were treated in exactly the same manner as poor whites, they remained at a greater disadvantage. Later it was shown that it was not enough to be born in the same hospital, to attend the same school and the same recreation center, if some children return to a tenement, to a marginal neighborhood, while others have a substantial house, parents earning good salaries and much better living conditions, conditions that do not characterize the immense majority of nonwhites, and especially blacks. The neighborhoods are different, as are the families and their living standards.
 
And although black and white children may have the same opportunities, this does not mean that all will be equally capable of overcoming the historic starting points bequeathed by their family, living conditions, neighborhood, etc. Unfortunately, social policies at the time of the triumph of the Revolution did not take skin color into account, with consequences that must now be corrected.
 
Other subjects are useful for exploring a series of problems that seriously affect the racial balance in the social, educational, and cultural spheres.
 
In those years, in the context of the needs of the struggle against imperialism, excessive priority was given to questions related to the national identity, and matters of cultural identity were often given short shrift. In that context, racism and discrimination were also fed by the stereotypes and prejudices against cultures originating from Africa. The upshot of this was that the dominance of so-called “white Hispanicism” still retained its hold in our culture, despite the efforts made to reemphasize the values of the African presence within the national culture.  Although we see a high degree of integration in this culture, racism and white dominance still leave their mark upon it. This type of situation can reflect a strong component of prejudices and negative stereotypes regarding the values of cultures coming from Africa; although there is also a significant economic component, given that virtually all the African countries are poor.
 
In addition, unfortunately an ideopolitical atmosphere developed in Cuba wherein defining oneself racially is frowned upon. This affected the dynamics of personal identity, which must function as an integrated system, whose components, valued individually, are so important in fighting social perversions such as racism. A person must first know who he is before he can have the possibility of being part of some other thing. The consciousness of individuals cannot be subsumed within the national consciousness; they make up an integrated system in which the whole does not function without the parts.
 
But this implicitly implies a strong respect for diversity, which has been lacking in Cuban society. Diversity is the objective, one with which we grapple every day. Unity is an unrealizable goal if it is not built within the context of diversity, a vital aspect if we are to be able to uproot racism from our social and cultural reality.
 
Blacks and mestizos in Cuba, with very rare exceptions, do not have a genealogical tree and cannot trace their surnames to Africa or to Spain. In particular, the identity of blacks has always been under strong assault. Blacks have had to navigate a road mined by racial discrimination and nonrecognition of their values. Even when the economic level of a black might have been similar to that of a white, that did not save him from being racially discriminated against. This indicates that we are not simply dealing with an economic question.
 
With a certain amount of help white escapes from poverty and his color helps him escape being discriminated against for being poor. However, the other one carries the color of his skin with him. Therefore, even though he might escape poverty, he would continue to be excluded. What adaptation would allow the black to leave discrimination behind; under what color could he hide? That is why although pulling him out of poverty might be difficult; achieving the conditions so that he is not discriminated against is even more difficult. These conditions are not just economic. They go much further.
 
One point that adds to the problems of the identity of blacks is that they tend not to have a recognized history. We have not been able to get beyond a version of our written history in which the black and the mestizo, but especially the black, are scarcely mentioned. With very few exceptions, found in independent works, we almost completely lack a social history of blacks and mestizos in Cuba that would be comparable, above all, with the one that exists for the white population. This situation affects all of Cuban society, which is unable to develop an integral, realistic view of its historic development and therefore not infrequently muddles along with a distorted image of the true role that each racial group played in the formation of the culture and the nation.
 
The way power is distributed in present-day Cuban society does not go beyond what existed prior to 1959; within society white dominance is still forcefully expressed, especially at the level of what is called the “new economy.” This is especially evident in the absence of blacks in the upper leadership levels of the state, government, and institutions of civil society in general, although not in the party structure. A recent example is that there is not one single black among the fourteen provincial chairs of People’s Power.
 
This is in complete contradiction to the leadership policy put forward by the Party in 1985, which is a long way from being realized in terms of racial representation. The matter is certainly much more complicated than the question of whether or not there might be blacks and mestizos in all the positions, but undoubtedly what is happening seriously affects the participation of nonwhites in the structures of power.
 
The problems related to “whitening” still exist within our societal reality. What else would explain why so many people who are not white are unwilling to identify themselves that way? This distorts the census figures and moves the question of race into a realm of deception and hypocrisy, making it absurd to think that mestizism might be the solution, when what has to be mixed is various forms of consciousness in order to create a consciousness that makes color disappear so that, as Nicolas Guillen says, we come to “Cuban color.” The attitude of many black or mestizo people toward their own pigmentation indicates that they do not find it advantageous to identify themselves as such.
 
Other aspects that are part of how present-day Cuban society presents itself ideologically are also affected, and these spheres also suffer from the imbalance in racial representation. We have a prime example in national television, where the number of blacks and mestizos in front of the cameras is very low. It is seen in the nearly total absence of blacks or mestizos in leading positions on our educational channels. The “challenge of the paradigms” exists, which requires that there be a balanced representation, especially on television, which has such an influence in providing role “models” and requires that all racial groups be represented.
 
The subject of race is not dealt with in school. This can result in a profound and dangerous dichotomy between scholastic education and social reality. We are not preparing our young people to deal with what they later find when they go out into the streets. Things do not pass into the culture unless they are introduced in the schools, and this is an important flaw in our education regarding a subject of vital importance. Our curricula and educational programs are still characterized by full-blown Occidentalism. African and Asian cultures are basically absent from the curriculum. As a result, students do not receive an integral and balanced education as members of a monoethnic and multiracial society, so when they leave the classroom we cannot be sure that they understand the roots of Cuban culture, much less the nation’s real history. In the majority of cases they have a Manichean and stereotyped vision of the most important aspects of that history. Not to mention that they ought to know who Aponte was, the history of the so-called Little War of 1912, and the Party of the Independents of Color. 
 
As I said earlier, Cuban scientific work has barely begun to focus on the question of race. In the course of these nearly fifty years of the revolutionary process, almost all of the most important intellectual work on this subject, from the perspective of the social and human sciences, has been done outside Cuba.[6] This is a weakness because we have almost totally handed over a vital aspect of our reality, with the resulting dangers that ensue for our scientific and cultural development and for the political and ideological struggle in defense of our social goals. Today in Cuba we have various challenges regarding this subject, which we must confront very seriously.
 
Trying to gain a fundamental understanding of the context of this problem – which produces such concern and prejudices – a problem that has for so long been ignored, swept under the rug, forgotten, neglected, and even repressed, has given rise to a very complicated situation if we consider it in the framework of political policies. There is no well-rounded understanding of the situation by all the institutions, social and political organizations, or leading sectors of the state apparatus. At times there is not even an acceptance that the problem exists. Instead we see resistance. As a result it is virtually impossible to predict the reactions that dealing with it openly might generate. In this regard we see attitudes that run the gamut from a totally cynical approach, to fear and ignorance, all the way to the most heavy-handed denial of its existence.
 
Not dealing with a problem of such importance to our reality would continue to engender bewilderment, ignorance, and social discomfort in those who suffer the ill, whether directly or as a result of their having acquired an antidiscriminatory ethic. It would lead to a level of social hypocrisy that would end up turning the racial problem into an endemic ill, from which Cuban society could not recover, with consequences for societal coexistence, the nation, and Cuban culture. This is something that we must not leave to future generations. What kind of a basic overall culture can we have in a society that retains negative racial stereotypes, discrimination based on skin color, and racism? Society must come up with an integrated strategy to struggle against negative racial stereotypes, discrimination, and racism in today’s Cuba. Such a strategy would start off from various assumptions, which I will summarize below.
 
This is a problem that Cuban social and economic statistics cannot continue ignoring. We must not pass over skin color and deal with social phenomena solely on the basis of classifying the population according to sex and age. Cuba is not Sweden or Holland. Skin color has historically been – and continues to be – a factor of social differentiation within the Cuban population. Race or skin color, class and gender, go hand in hand in the country’s history. Skin color, social differences, poverty, imbalances in the distribution of power, discrimination, lack of empowerment, negative racial stereotypes, and racism have always gone together in the Island’s history, and this has still not been overcome. What country are we talking about if we do not consider color as a fundamental trait in our population? What democracy can we speak of if one segment of our population continues being discriminated against because of skin color?
 
 This is a problem for all of society, not solely for blacks, whites, and mestizos. This means that it is something everyone has to solve. To do that, in the first place, to lay out an effective working strategy, people must be made conscious that the problem exists. They need to fundamentally understand the place that history reserved for each racial group; to realize that there is racism on the part of whites as well as blacks; a racism that stresses assigning each “their rightful place” flowing from of a structure of classes and power that allowed some to discriminate against others; to understand that the response to these differences cannot be to try to maintain a social dynamic based on prejudice, stereotypes, mutual discrimination and debt, but rather on the understanding of history and on an attitude of not making concessions to these evils and melding consciousness in order to uproot these evils from our culture and the Cuban way of life.
 
Only by openly dealing with the question can we put an end to the ignorance, cynicism, and hypocrisy that still lie below the surface when the question of race is discussed. Dealing with it openly can also help to develop an atmosphere in which it would be impossible to withdraw into some social space to practice racial discrimination. Certainly the subject of race implicitly contains a strong element of social division, but the only way to fight for a real, solid, integrated national culture is by not ignoring it. That is how we can build a culture within which all the forms of dominance that were spawned by the racist culture inherited from colonialism and capitalism can be overcome, a culture in which each racial group has its place within present-day Cuban society.
 
We should no longer acquiesce in avoiding the subject of race in order to maintain a form of harmonious social coexistence, because that is a false harmony, riddled with hypocrisy and prone to making concessions to racism and discrimination, as well as a context in which those who choose to maintain their prejudices and discrimination will always be able to find some place to do so.
 
Nor should we accept the idea that attacking racism and discrimination weakens Cuban society. Rather it is the complete opposite. As a point of fact, not fighting this evil is what divides society, weakens its culture, affects the national identity, and places the Revolution’s social goals at serious risk, goals that must encompass nothing less than unity forged within diversity. The subject must be forcefully brought back into public discourse, it must be publicized, and it must be taken up in the political and mass organizations, so that it becomes what it should be and in fact is: a fundamental aspect of the already-launched battle of ideas.
[1] It is worth mentioning the books of Tomás Fernández Robaina and Sandra Morales, useful attempts to try to place the question within the context of present Cuban reality. See also the magazine Catauro, n. 6, Havana, July-December 2002, pp. 52-93; Juan Antonio Alvarado Ramos, “Relaciones raciales en Cuba. Nota de investigación”; María Magdalena Pérez Álvarez, “Los prejuicios raciales: sus mecanismos de reproducción” and María del Carmen Caño Secade, “Relaciones raciales, proceso de ajuste y política social,” Temas, n. 7, July-September 1966, Havana, pp. 37, 44, and 58.
 
[2] Esteban Morales, Desafíos de la problemática racial en Cuba, Editorial de Ciencias Sociales, Havana, 2008.
 
[3] Temas has published portions of the results of these studies. See Rodrigo Espina and Pablo Rodríguez, «Raza y desigualdad en la Cuba actual», Temas, n. 45, Havana, January-March 2006, and Pablo Rodríguez, «Espacios y contextos del debate racial actual en Cuba», Temas, n. 53, Havana, January-March, 2008 [editor’s note].
 
[4] Anthropology Center of the CITMA, Pablo Rodríguez, Ana Julia García and Lázara Carrazana, “Relaciones raciales en la esfera laboral,” unpublished, Havana, 1999; Rodrigo Espina, Estrella González and María Magdalena Pérez Álvarez, “Relaciones raciales y etnicidad en la sociedad cubana contemporánea,” unpublished, Havana, 2003; Ana Julia García, Estrella González Noriega and Hernán Tirado Toirac, “Composición racial en la estructura de cuadros,” unpublished, Havana, 2003
 
[5] Institutional racism does not exist in Cuba, meaning it is not built into the politico-social system or the institutions as was the case before 1959. The revolutionary process, with its antidiscriminatory ethos, drove racism back into what are now its principal niches: the family, the individual consciousness of many people, the so-called “emergent economy,” and some exclusionary groupings, where it still exists because the definitive battle against racism which is now called for did not take place. This shortcoming led to its concealment, only to reemerge now, when the contacts with the market economy, the reemergence of inequalities, and the whole economic and social deterioration that resulted from the crisis of the 1990s are being felt.
 
[6] See Rebecca J. Scott, Slave Emancipation in Cuba: The Transition to Free Labor, 1860-1899, Princeton University Press, Princeton, 1985 (published in Cuba by Editorial Caminos, Havana, 2001); Alejandro de la Fuente, Una nación para todos. Raza, desigualdad y política en Cuba. 1900-2000, Colibrí, Madrid, 2000; Carlos Moore, Castro, the Blacks, and Africa, Center for Afro-American Studies, University of California Press, Los Angeles, 1989; Robin Moore, Música y mestizaje. Revolución artística y cambio social en La Habana, 1920-1940, Colibrí, Madrid, 1997.

Cuba: Raza y República, Octubre 3, 2007top

Esteban Morales Domínguez • La Habana

Como concepto científico la raza no existe. Es una construcción social. Sin embargo, pregúntesele a cualquier ciudadano honesto que le haya tocado vivir en la República. 

En un mundo como el que vivimos hoy, los temas no pueden ser ignorados, mucho menos cuando de hurgar en nuestro pasado se trata, porque nos pueden controlar el presente y diseñar el futuro a nuestras espaldas. 

Cuba resultó ser un punto neurálgico para el encuentro entre el viejo y el nuevo mundo, desempeñando un papel fundamental en el diseño de un modelo de sociedad, que permitiera entrar en la modernidad, pero conservando los mecanismos de explotación heredados del viejo mundo. Trayendo todo ello como resultado que ese nuevo mundo en muchas cosas resultara ser más antiguo que el viejo. Tal situación se puede observar claramente en lo dilatado que fue el proceso de abolición de la esclavitud y el tránsito del trabajo esclavo al asalariado dentro de la producción azucarera cubana y en la resistencia que hizo España para abandonar su “siempre fiel Isla de Cuba". 

En particular, el asunto de los prejuicios y estereotipos negativos, la discriminación y el racismo contra los no blancos, y en particular contra los negros, cruzó de la colonia a la República, sin que se hubiese avanzado prácticamente nada en su solución, a pesar de las cruentas batallas libradas por la independencia de la Isla. Es que no es difícil percatarse de que la propia marginación republicana contra los negros empezó a vislumbrarse aun antes de la fundación misma de la República. En particular, entre otras cosas, porque se juntaron los racistas de las dos orillas del estrecho de La Florida. El racismo que ya los no blancos sufrían en Cuba, con la intervención norteamericana en Cuba, se reforzó. 

Para entender la cuestión racial en Cuba es necesario, diríamos insoslayable, tomar en consideración tres antecedentes de suma importancia: la esclavitud, con su amplia gama de consecuencias, hasta sicológicas; el peso relevante que tuvo el problema racial en lo económico, lo político, lo social, lo ideológico, lo cultural y hasta en lo demográfico, con el síndrome del “Miedo al negro”. Un tercer antecedente, lo fue el largo tiempo que transcurrió hasta la abolición de la esclavitud en 1886; penúltimo acto de abolición en el Hemisferio Occidental. Acontecimiento este último que tuvo una repercusión muy fuerte a corto y largo plazo en la situación del negro dentro de la sociedad cubana. Reflejándose aun en los fuertes residuos de la herencia de una cultura racista, que todavía nos golpea fuertemente. 

Adicionalmente, los asuntos básicos que explican ese tránsito tan nefasto de la colonia a la República son: primero, no fueron las fuerzas progresistas y revolucionarias del independentismo las que lideraron el final de la contienda por la independencia; segundo, los interventores norteamericanos con sus aliados del patio fueron los que finalmente modelaron la situación a partir de la segunda mitad de 1898, diseñando el tránsito hacia una República que fue impuesta a partir de 1902. Con un tránsito por el Protectorado que, me inclino a pensar, sirvió para reubicar y refacturar ideológicamente a buena parte de las fuerzas políticas más radicales, así como a dictar las pautas que debían caracterizar a la República neocolonial, como primer experimento hemisférico del imperialismo yanqui, hasta llevarlo al anhelado modelo de Democracia Representativa que comenzó a caracterizar a Cuba después. Tal y como se pretendió por EE.UU., mucho antes, al exigir a España darle la Autonomía a Cuba, antes de que ellos intervinieran definitivamente en la Isla. 

En medio de tal situación, todo lo que blancos, negros y mestizos, bajo el proyecto martiano, habían hecho para forjar la República “con todos y para el bien de todos" se frustró. 

En particular, los negros y mestizos cubanos no habían tenido otro proyecto emancipador que el liderado por José Martí, Gómez y Maceo. Por tanto, al frustrarse ese proyecto, todo se vino abajo para ellos. A diferencia de lo ocurrido en los EE.UU., los negros cubanos habían combatido siempre desde la patria anhelada y no tenían un proyecto de retorno a África. Más bien, tenían aun que luchar mucho para que se les considerase cubanos, ante el peligro de que los devolvieran a África, por no considerarlos como tal. 

Entonces, con la intervención yanqui a partir de 1898, el racismo y la discriminación se fortalecieron y paradójicamente, de ello no se salvó ni siquiera el propio sector más poderoso de la burguesía criolla, que apoyó la intervención, pues se percató, de que bajo las reglas norteamericanas, ella tampoco era blanca, por ser hispana. Precio que ahora paga con creces, diferenciándose profundamente del resto de los hispanos en los EE.UU. del siglo XXI. 

La población negra y mestiza fue muy agredida durante la República por parte de los gobernantes de turno y los siempre interventores blancos. 

Escribía  Leonardo Wood al presidente Mekinley “…. Estamos tratando con una raza que ha ido cayendo por cientos de años y en la cual tenemos que inculcar nueva vida, nuevos principios y nuevos métodos de hacer las cosas…”. 

Esto no podría ser de otro modo, explicaba Wood, porque según este señor, “...después de ser inundada durante siglos con los deshechos de la sociedad española, la isla tiene demasiada 'sangre mezclada' para entrar exitosamente en el concierto de las naciones civilizadas”. Por lo que solo de la mano de EE.UU., y después de “blanquearla” podría ser admitida. 

Según Charles Davenport, un influyente genetista de la época,  “los mulatos combinaban ambición con la insuficiencia intelectual, haciendo de ellos híbridos infelices propensos a romper el orden social armónico”. 

Incluso, muchos que no compartían estos puntos de vista tan negativos sobre la población de la Isla, estaban de acuerdo en que los cubanos eran perezosos, infantiles, incompetentes y afectados por un agudo sentido de inferioridad. 

De tal modo que los maestros que visitaron la Universidad de Harvard  en 1901, fueron descritos “como niños crecidos que no podían entender la importancia de lo que veían”. 

La República consideraba a los negros como ciudadanos desde 1901, según constaba en el artículo Undécimo, Sección IV de la carta magna, pero en la práctica ello chocaba con los intereses clasistas y los prejuicios raciales, que no diferenciaban mucho la situación de la existente durante el período colonial. De modo que las personas no blancas continuaban siendo uno de los grupos más marginados por la sociedad burguesa, al formar este parte en su inmensa mayoría de los sectores sociales más humildes y pobres del país. Al mismo tiempo, los amos extranjeros y los cubanos blancos gobernantes empleaban la ideología racista junto con el mito de igualdad racial, heredado del nacionalismo para subordinar y reprimir a los negros y mestizos, junto a la insistencia por ocultar, manipular y hacer olvidar el pasado glorioso que había tendido a unirlos durante la contienda por la independencia. 

Para la población no blanca, negra en particular, resultaba muy difícil subvertir su estado de frustración haciéndoles entender a sus compatriotas blancos que protestar enérgicamente por su situación no significaba  ser racista, antiblanco, antipatriótico o enemigo de la nación. Pues se trataba solo de que los negros y mestizos simplemente reclamaban sus derechos respecto a lograr disfrutar en igualdad de condiciones del poder, la riqueza y las oportunidades laborales. Todo lo cual resultaba muy difícil, porque las elites trataban de imponer siempre un ambiente dentro del cual la protesta se veía como una agresión al ambiente de convivencia racial que las elites de poder propugnaban.  

Esa visión del cubano, basada en la noción de superioridad racial anglosajona, subsistió en el trato del interventor norteamericano hacia Cuba durante toda la República; de modo que la Embajada norteamericana en La Habana decía, refiriéndose a los políticos cubanos, que compartían con ellos la administración de la Isla, “… poseen el encanto superficial de niños astutos, mimados por la naturaleza y la geografía, pero bajo la superficie combinan las peores características de la mezcla desafortunada de la cultura española y negra, la pereza, crueldad, inconstancia, irresponsabilidad y deshonestidad innata”. 

Por todo lo cual, se enfatizaba que la Isla y los negros en particular tenían que someterse al poder blanco en la República, siendo este el complemento perfecto en el orden cultural, de la intervención y el control económico y político que ya EE.UU. ejercía sobre Cuba, y que los oligarcas del patio le ayudaron a mantener, aun a costa de un acto de masacre como el que tuvo lugar contra los miembros del Partido Independiente de Color en 1912. 

Al ser tan controvertido el tema racial, este siempre despertó el interés de muchos intelectuales negros, mestizos y blancos también, que lo abordaron en la prensa. Aunque también parte de la prensa sirvió para atacar a los negros y mestizos en sus luchas por ocupar espacio dentro de la sociedad cubana. Situación esta última de la que fue un ejemplo destacado la furibunda y criminal campaña desatada contra los independientes de color y contra los negros en general, durante los años 1908-1912 especialmente. 

A su vez, la ocupación y su influencia en los asuntos internos cubanos, facilitó la transmisión de las ideas “científicas” norteamericanas acerca de la raza, basificadas todas en el llamado “racismo biológico”; así se esgrimían las denominadas “leyes de la herencia”, y se aplicaban programas de esterilización como la única solución viable a la creciente criminalidad. Por supuesto, tal criminalidad provenía de los no blancos y de los negros en particular, siempre caracterizados como los “brujos”, dispuestos a los sacrificios humanos, o los violadores de muchachas blancas.  

Por lo cual, transformación radical de la composición racial de la población cubana, como se deseaba, solo podía lograrse, según pensaban mediante la inmigración selectiva, al mismo tiempo que se esperaba que el bajo crecimiento natural de la población negra supusiera su eventual desaparición. De modo que, como en la época de José A. Saco, el negro no tenía cabida dentro de la Isla y se esperaba que de algún modo desapareciese, dando paso al blanqueamiento.  Centro del principio propuesto por este pensador de “blanquear, blanquear, blanquear y luego hacernos respetar”.

Paradójicamente, los negros y mestizos, que habían estado dispuestos a dar su vida por la independencia, ahora su supervivencia se veía amenazada por aquellos mismos contra los que habían tenido que batirse en la manigua, porque una deseada inmigración blanca y católica, procedente de la península Ibérica, les quitaba las tierras y los mejores empleos. 

Fue solo bajo las fuertes presiones de las compañías azucareras norteamericanas que el gobierno cubano aceptó la inmigración de braceros antillanos, porque, en definitiva, negocio es negocio y a este último el cinismo le cuadra muy bien. 

Es que para muchos blancos, con el problema de la “raza” lo que estaba en juego era nada menos que el futuro racial y cultural de la Isla, pues la gran tragedia de Cuba, según ellos, era su “africanización” creciente. Por lo cual, África, una de las fuentes nutricias principales de la identidad cubana, debía ser borrada de la Isla, física y culturalmente. 

De todos modos, dos atributos de las ideologías raciales dominantes, justificaban entonces el carácter indeseable del inmigrante antillano: su supuesta propensión al crimen y la práctica de creencias religiosas primitivas. Ambas ligadas al color de la piel de estos inmigrantes desfavorecidos. En el trasfondo, el racismo actuando.  

Más tarde, “Gerardo Machado, en sus discursos frecuentemente mencionaba la fraternidad racial cubana, firmaba la ley que declaró duelo nacional el 7 de diciembre, confirió a Juan G. Gómez la condecoración más alta de Cuba, la Orden Carlos Manuel de Céspedes” y se opuso a la creación del Ku Klux Klan en Camagüey, ordenando su disolución”. 

Los negros permanecían subrepresentados en la estructura de poder, aunque habían recobrado cierta visibilidad política. 

Gerardo Machado, muy inteligentemente junto a la clase media no blanca y apoyándose en el club Atenas, trataba de dar la imagen de ser un presidente que simpatizaba con los negros. 

Así el 5 de septiembre de 1928, los representantes de 186 “sociedades de color”, de toda la Isla, se reunían en el Teatro Nacional para rendir tributo al presidente; todo ello, mientras la oposición a su gobierno crecía. Imponiendo a su vez una alianza de todos los partidos, permitiéndose así la consolidación de un régimen crecientemente autoritario. 

“Pero con una participación irrisoria en los cargos de la administración pública, cerradas las puertas de las empresas privadas a los negros, casi eliminados de las industrias, que había hecho Machado realmente por aliviar la situación de la inmensa mayoría de los negros.” 

Todo era una farsa; mientras los agrupados en el Club Atenas honraban a Machado, la mayoría de los negros luchaban por sobrevivir a las crecientes precariedades en los umbrales de la crisis económica de 1929. Con el colapso bursátil de Wall Street en 1929, y la tarifa Hawlley-Smoot de 1930, la economía cubana tocó fondo, agravando los problemas sociales del país, viéndose los negros especialmente perjudicados.

Todo ello produjo un alza de reclamos por parte de los sectores populares y la emergencia de una vanguardia política dispuesta a subvertir la realidad del país.

Finalmente, tal situación dio al traste con la dictadura machadista. Situación dentro de la cual el problema racial tenía raíces muy profundas, por lo que no podía pasar desapercibido, deviniendo asunto de fuertes reclamos dentro del período de los años 40. 

Aunque hubo sus excepciones de un lado y otro, lo que caracterizaba la situación era que los negros no podían acceder a lugares públicos exclusivos para blancos y viceversa. Además, hubo asociaciones a las cuales solo podían asistir mestizos. 

El famoso Habana Yatch Club solo podía ser visitado por los blancos de la alta sociedad. De otro lado, en el Club Atenas, solo entraban negros de buena posición económica y también profesionales de prestigio negros, mestizos y blancos.

En tales circuitos sociales se manifestaban claramente los problemas socioclasistas y raciales entre blancos y no blancos, visualizándose también las diferencias de clase al interior de cada grupo. 

El carácter elitista de las asociaciones arriba mencionadas contrasta con lo que sucedía en otro tipo de agrupaciones sociales, como las que han descrito en sus investigaciones las investigadoras Carmen Victoria Montejo, Lucila Bejerano y Edita Caveda Román. Según estas investigadoras, existía una amplia gama de sociedades de Instrucción y Recreo, así como otras organizadas según los intereses de individuos de la más diversa extracción social y racial. 

Según el investigador Tomás Robayna, el movimiento social de los negros y mestizos en Cuba se caracterizó por realizar demandas para lograr la igualdad, pero no con la finalidad de favorecer a los negros por encima del resto. 

La limitada intervención estatal, por su parte, abría espacios significativos para la discriminación racial; pero cuando el estado intervenía lo hacía para consolidar y expandir las divisiones raciales y étnicas en la esfera del empleo. Por lo que el estado en su quehacer no contribuía para nada a equilibrar las diferencias, aun dejando al margen la corrupción que caracterizaba su actuación. 

El negro emigraba, más bien huía legal o ilegalmente de la hacienda azucarera y del campo en general y encontraba refugio en los peores barrios de las ciudades.

Falta aún mucho por hacer para tener una historia social del negro, que nos permita visualizarlo en su decursar por la vida de la sociedad cubana. Con el blanco no ocurre lo mismo.

Al negro lo vimos llegar en los barcos negreros; mercancía humana en la plaza pública, devenir esclavo de la plantación y doméstico, en el cepo, en los cabildos y demás organizaciones sociales en la República, luchar por adquirir su libertad; como cimarrón, encontraba una alternativa de libertad enrolándose en el mambisado. Si tenía suerte, hallaba un empleo en la ciudad, si tenía alguna capacidad se hacía artesano, asumiendo aquellas actividades laborales indignas para los peninsulares. Aparecía engrosando las filas de los obreros peor pagados, en los muelles y el trasiego de mercancías. Después ocupaba a veces posiciones dentro de la política. Pero, en realidad, hay muchos baches y desconocimiento en ese decursar, que nos permita conocer realmente su historia.  

La desigualdad racial en Cuba permanecía, siguiendo la tendencia latinoamericana, esta se trasladaba de los sectores masivos de la economía hacia los más deseables. 

La raza continuó siendo un obstáculo para acceder a las profesiones. 

Las diferencias salariales, asociadas al color de la piel no eran muy grandes entre los trabajadores manuales pero aumentaban significativamente entre los profesionales, sector además en el que los negros estaban mucho menos representados. 

La meritocracia, sobre la base de la cual funcionaba la sociedad republicana, siempre fue invocada para minimizar la participación de los negros y los blancos pobres dentro de la administración pública o en las empresas y oficinas del sector privado. 

En medio de ello la Educación devino un permanente campo de batalla de la lucha por alcanzar la igualdad racial. 

Pero alcanzar el nivel educacional no era suficiente, se necesitaban otras cosas que los negros casi no tenían, contactos sociales y políticos. Los clubes de la clase alta y media facilitaban esos contactos. Pero la mayoría de los negros no tenían acceso a esas asociaciones. 

En resumen, la Cuba anterior a 1959 era profundamente racista, los negros sistemáticamente constituían la base de una pirámide de jerarquía social, que compartían con otros pobres, aunque incluso con desventaja dentro de las condiciones de pobreza existentes. Ser negro y pobre se comportaban casi como equivalentes, y aunque todos los pobres no eran negros, podían también ser blancos, sí casi todos los negros eran pobres. En tal escala, los mulatos estaban casi siempre un poco mejor. 

Los negros resultaban ser casi siempre los más pobres dentro de los pobres, muy pocos escapaban a la trampa de la pobreza. Dentro de las estadísticas sociales, los blancos siempre ocupan los sitiales más altos, los mulatos los intermedios y el negro, salvo pocas excepciones, siempre está en el sótano. 

Pero no había pasividad por parte de la población no blanca ante la situación de discriminación racial existente. 

"Durante la República muchos estudios raciales destacaron la vida y trayectoria política militar de líderes negros, sobre todo de aquellos que habían participado en las luchas por la independencia. Tales estudios eran producidos principalmente por negros y llevaban implícita una crítica al lugar subordinado de estos dentro de la sociedad cubana. Otras investigaciones reconocían la participación del negro en la cultura, aunque casi solo fuese como parte del folclor nacional." 

Después de 1920, bajo el término “raíces” abundaron los estudios acerca de los ingredientes africanos, como un esfuerzo para redefinir el significado de la cubanidad. 

Durante los años 20 se puede decir que hubo una vigorización de la toma de conciencia nacional y por eso ha pasado a la historia como una década en la cual Cuba se redescubrió e intentó mirarse a sí misma como país y al unísono comenzó a cuestionarse y a reformularse su propia modernidad desde la cultura.

Una de las zonas más importantes de este movimiento tuvo lugar respecto al controvertido asunto de la identidad, porque ese tema sirvió en diversas ocasiones como punto de partida para múltiples debates intelectuales. Uno de esos debates fue el de la problemática racial, sin que ello sea un proceso que podamos decir que haya concluido aún, siendo en el siglo XXI un tema que aún ofrece motivos suficientes para continuar sometiéndolo al análisis del debate intelectual, e incluso político. 

El debate sobre raza y racismo en Cuba tuvo un momento muy significativo a fines de los años 20 y principios de los 30, cuando apareció en el Diario de La Marina la sección “Ideales de una raza", en columna intersemanal y plana dominical, liderada por Gustavo Urrutia. 

Este debate abarcó el lapso entre 1928 y 1931, cuando el gobierno de Gerardo Machado entraba en el período de su máxima expresión represiva. Pues pese a lo prometedor que parecía Machado, además último presidente general de la Guerra de Independencia, en 1924, su ejercicio de poder devino una de las dictaduras más sangrientas de la historia republicana. El “Asno con garras”, terminaron llamándole. 

De toda la lucha de los negros y mestizos por sus reivindicaciones civiles, el proyecto cultural “Ideales de una raza", liderado por Gustavo Urrutia, desempeñó un papel muy importante hasta su desaparición en 1931. Tratándose lamentablemente de un fenómeno insuficientemente investigado aún. 

Entonces, a pesar de las intenciones de EE. UU. por introducir un apartheid racial, las guerras de independencia, la ideología nacionalista y la  sobreviviente imaginación de una república “con todos y para el bien de todos”,  impidió que las cosas del racismo pudieran llegar al extremo deseado por algunos. 

En principio, las batallas dentro de la constitución de 1901 y el sufragio universal masculino, hicieron de Cuba un caso único entre los países con una población de ascendencia africana dentro de las Américas del despuntar del siglo XX. 

Las fuertes tradiciones revolucionarias y representar no menos de un 30% de la población electoral impidieron que los cubanos no blancos fueran excluidos de los derechos electorales. Todos los partidos estaban interesados en atraerlos a su lado y a los negros y mestizos se les presentaban algunas oportunidades. 

Era imposible no tomar en cuenta tal realidad. Aunque de todos modos, pasada la efervescencia del momento electoral, casi todo volvía a tomar su nivel, las promesas de campaña por lo general se disolvían y la inmensa mayoría de los negros retornaban al “cuarto de desahogo”. 

En la Educación, donde el acceso racialmente no estaba impedido, los negros lograron beneficiarse, produciéndose la creación de un nutrido grupo de profesionales negros y mestizos, que debido a lo precario de su situación, se distanciaban del resto de los negros, al mismo tiempo que no les era fácil encontrar ocupación favorable. El negro que lograba emerger de la pobreza, o que por razones de herencia familiar ocupaba una posición social de cierta ventaja, se veía conminado a alejarse del solar, a apartarse de los negros más pobres y a fundar asociaciones donde estos últimos no eran admitidos. 

Estos intelectuales abordaban problemas que preocupaban a todos los negros y mestizos, pero las distancias se ampliaban, porque la dinámica capitalista republicana los absorbía, obligándolos a mantenerse sutilmente separados en sus clubes exclusivos a los que la inmensa mayoría de la población negra y mestiza no tenía acceso. 

Por lo cual, lo que frecuentemente aparecía como un discurso negro, era en realidad el discurso de una clase media no blanca, como expresión más directa de la lucha de las sociedades de profesionales de negros y mestizos, contra la sistemática exclusión de que les hacía objeto la burguesía blanca. Pues esta última mantenía un sutil “cordón sanitario”, alrededor de la lucha de la inmensa mayoría pobre, de negros y mestizos en particular, para evitar a toda costa una posible radicalización de la clase media, cuya connivencia con las reglas del sistema le venía dada por su propia naturaleza como clase subalterna. 

Aunque las acciones colectivas de estos clubes eran expresión también de que no era posible esgrimir un discurso abiertamente racista y excluyente. No obstante, esos reclamos de la clase media no blanca, eran objeto de las continuas manipulaciones y hasta los escarnios por parte de los sectores oficiales, tal y como tuvo lugar con el discurso oportunista y demagógico, del entonces candidato presidencial Carlos Prío Socarrás, en el club Atenas, el 5 de mayo de 1948. En el que el entonces aspirante presidencial, se vendió como un aliado de las reivindicaciones raciales. 

Tanto en la constitución de 1901, como en la de 1940, había sido declarada la discriminación racial como ilegal y castigable. Sin embargo, no es posible recordar una sola ocasión, a lo largo de toda la práctica jurídica de la República, en que se sancionase a una persona o sector oficial por ejercer la discriminación. Tal situación obedecía a nuestro entender a dos factores principales: la forma por lo general encubierta en que la discriminación era practicada; y por otro lado, la debilidad de los negros, mestizos y del corpus social en general para exigir justicia en este campo. 

 De modo que durante la asamblea constituyente de 1940, en medio de un ambiente favorecido por las realidades de la II  Guerra Mundial,   la Carta magna incluyó principios generales antidiscriminatorios, incluso, respecto a ciertas promesas de igualdad ante el empleo para negros y mestizos, pero se delegaron los puntos específicos de acción por parte del gobierno a la legislación futura y a pesar de la lucha de algunos comunistas, como Manuel Bisbé, casi todo ello terminó en el “saco sin fondo” de la burocracia parlamentaria del momento. 

Finalmente, luego de la expulsión de los comunistas de la CTC en 1947, el debilitamiento del movimiento obrero y la proscripción del Partido comunista en 1952, la causa de la igualdad racial perdió sus aliados políticos más importantes, situación que se vio complementada por la demagogia batistiana, al conceder algunas posiciones a los negros dentro del ejército, tratando de hacer creer a estos que esa presidencia era la suya. 

Claro, como en los años de Morúa Delgado y Juan Gualberto Gómez, los negros oficiales podían participar en las recepciones, pero sin sus esposas y la elite blanca además se cuidó muy bien de no ceder las más altas posiciones de la jerarquía militar. 

La República estaba constituida por todos, una gran masa de pobres negros y blancos la sostenía, pero ella garantizaba el bienestar solo para unos pocos, lo cual rompía la supuesta coherencia del discurso de la elite sobre la democracia racial y de la democracia en general, enfatizando la necesidad de construir una República verdadera. 

La República, a pesar de toda la lucha, se debatía dentro de una situación en que la exclusión abierta y sistemática de los no blancos y del negro en particular se comportaba como una acción permanente. 

La visión igualitaria era defendida por intelectuales radicales, blancos, negros y mestizos y por el movimiento obrero en particular, pero los resortes del poder clasista de una oligarquía nativa y subalterna del capital financiero norteamericano, secundada y apoyada siempre por EE.UU., frustraba todo cambio real. No era posible un diseño de República en la que los pobres tuviesen mayores oportunidades, mucho menos si esos pobres eran negros y mestizos. 

En general la población negra, mayoritariamente pobre, no disponía de mecanismos civiles de defensa de sus intereses, como sector más discriminado dentro del período republicano. Los descendientes directos de haitianos y jamaicanos como los más discriminados, mucho menos. Estos últimos resultaban ser dentro de los negros, negros de segunda categoría. 

La conciencia de la identidad racial, por la que lucharon tantos intelectuales progresistas, de todos los grupos raciales, era sumamente importante para superar la situación de discriminación. 

Pero la discriminación ejercida, llevaba adjunto un complemento adicional que no proviene solo del estereotipo negativo o del prejuicio racial, sino de una conciencia arraigada en las elites dominantes de que la discriminación racial puede ser utilizada como un instrumento de poder. 

Por ello, el prejuicio racial y los estereotipos raciales podían seguir siendo alimentados dentro de un contexto social de más altos niveles educacionales y de cultura. 

Por eso en la República, que  era más desarrollada, educacional y culturalmente que la Colonia, los prejuicios raciales negativos, la discriminación racial y el racismo no cedían espacio; porque estos  últimos  no provienen en esencia, simplemente, de la ignorancia ni de la incultura, sino de un contexto social en el que la discriminación racial y todos sus atributos complementarios, son utilizados como  instrumentos de dominación, de control social, de elitismo y de explotación de unas personas,  a las que  siempre se les mantiene en un plano de desventaja económica, política, social, ideológica y cultural. 

Todo lo cual tiene que ver también con la no superación de los rasgos de una sociedad colonial, que al capitalismo republicano le interesa preservar, bajo la forma de prejuicios y estereotipos negativos subyacentes, como interés de los grupos y clases que los retroalimentan en el ejercicio del poder. 

De aquí la importancia de mantener y fortalecer la identidad racial, dentro de un contexto de universalidad y antirracismo. 

La llegada de los europeos a América no fue una simple expedición científica, sino colonial que nos trajo la esclavitud del negro, de cuyos lastres aún no hemos logrado liberarnos. 

En la República neocolonial (capitalista) la discriminación racial no tiene solución, pues se trata de una sociedad que se sustenta sobre un desarrollo bipolar, donde las clases dominantes utilizan la discriminación racial, en particular y de todo tipo, como instrumentos de poder, como complementos de todo el andamiaje social que les permite sostener el régimen de explotación existente. 

De lo anterior, nuestra experiencia muestra claramente que no  basta acabar con ese régimen de explotación para liquidar el racismo. La tarea es muchísimo más larga y compleja. 

Octubre 3 de 2007.

Anti-Cuban subversion: the race issue, 9/07top

La Jiribilla
September 8-14, 2007
Anti-Cuban subversion: the race issue 
by Esteban Morales Domínguez 

A CubaNews translation. Edited by Walter Lippmann.
original: 
http://www.lajiribilla.co.cu/2007/n331_09/331_18.html

There are many sides to the conflict between Cuba and the United States, mainly if we take into account the American political interest in subverting Cuba’s revolutionary society, be that by attempting to spearhead social processes in the island, or robbing Cuban political leaders of their function at the front of internal changes in order to subvert the socialist regime. 

Drafted in 2004 and 2006, the so-called “transition documents” display unlimited criticism of every process under way in the island, seeking to project the worst possible image of Cuba’s overall national life. 

Small surprise then that a given internal behavior is fostered in order to undermine the progress of the Cuba revolutionary process, engaged as it is in a number of pressing challenges. Among the topics covered by those documents is the race issue, pioneered by certain alleged scholars who, for all intents and purposes, are nothing but henchmen, subordinated to the U.S. administration’s anti-Cuban policy. Some, not all, of the black men from the other side of the Florida Strait try to portray Cuban blacks and people of mixed race as victims in their own land. It goes without saying that the victimizers are none other than the Cuban state, government and Communist Party, since there’s a distinct trend to tag those living on this side of the political spectrum as little more than sheep or stupid people devoid of any personal will. 

Involved in this endeavor to manipulate the race issue in Cuba as a target of political subversion are individuals like Enrique Patterson, who links this topic either to matters of governance or to an anti-establishment political potential he claims to be boiling among nonwhite Cubans. Enrique Patterson was a former professor of Philosophy with Havana University’s Marxism-Leninism Department before he left the country in 1990, to reappear shortly afterwards at the LASA Congress in Washington with two officials from, it seemed, the State Department. Who was covering his expenses and the purpose of his presence there may be easily deduced. Settled in Miami, he is now devoted to writing about the race issue in Cuba, his way of thinking a perfect match with the aims of the U.S. Government. 

A similar role as manipulator is played by Ramón Colás, leader of a Mississippi-based Race Relations Project, and the journal Islas, until recently in pursuit of contacts to produce materials on the race issue from inside Cuba. 

The Miami Herald, in turn, continues to be a storing chamber of every article published in the United States on this subject. 

It’s true that much remains to be done in Cuba before social inequality disappears once and for all as a problem still hovering over white and black people alike. The latter are more affected, mainly as a result of the uneven historical backgrounds which the various races comprising today’s Cuban society had in 1959. 

It would be foolish and all but anti-scientific to believe that 450 years of colonialism and neocolonial exploitation can be erased in almost 50 years of Revolution, radical though this process may have been. 

In line with the social policies enforced by the Revolution, everyone's right to education, health, social security and employment was recognized. This measure benefited all poor citizens, the vast majority of whom were black or from mixed racial descent. top

Not that everything is to our complete satisfaction. It is also a fact that, despite being amply addressed by the top leader of the Revolution in 1959, this issue was not properly followed-up on and was, instead, hushed-up in later years, given the prevailing opinion that an egalitarian social policy which treated all races the same, and a far-reaching set of principles conducive to full equality for all Cubans were enough to solve these problems. This premise was totally unmindful of the terrible fallout that such assumptions could bring in tow both from the material and subjective points of view. 

We must bear in mind, that in the early 1960s the U.S. government started a true war of aggression against the Cuban Revolution. The race issue began to draw attention as a potential bone of contention among the revolutionary forces, taking into account the difficult battles they were expected to face. 

However, without agreeing with the so-called “theory of the one-eyed man” who is king in the land of the blind, I don’t think any country in this hemisphere, including the United States itself, has done as much for justice, egalitarianism and racial equality as Cuba. 

Likewise, I have not heard, since before 1959, of any government allied to nonwhite people, or any state or government from which those ethnic groups have received more than just demagogic speeches. Few, if any, concrete actions were made to take them out of their deprived areas and to give them free medical care and education, real hopes of decent housing, a good job, and personal dignity, let alone a chance to be treated on an equal footing when faced with justice. This is a reality still suffered by most African-Americans in the United States. 

Black people in Cuba struggle everyday in open spaces, of which there are many, without letting themselves be deceived by those who should first of all relinquish that racist, poor replica of a republic. It was designed to look like the Cuba of the 1950s, which the Cuban-American extreme right has built for the Miami-based black Cubans. Most of them are yet to leave behind the same place they had back in Cuba’s neo-republican days, only 50 years later. And forget about black people’s progress regarding access to power, only available to the wealthy whites, much like it was in Cuba before the Revolution. Yet, other forms of discrimination still hang over Cuban whites who, regardless of their wealth, stopped being “white” to become “Hispanics” when they arrived in the United States. 

Therefore, just like Carlos Moore, many admit to the presence of racism and discrimination within the Cuban population in the United States. 

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On the other hand, Cuban nonwhites work from a vantage point because they’re aware of their status. That is why we can say with absolute certainty that the number of black people in Cuba who make it to the power structures increases by the day, as does the number of white people willing to share such power. After all, that was one of the Cuban Revolution’s goals. That’s the true platform for assuring equality, and the rest will be solved in good time, helped by the existing political dynamics and the will of both Cuban black people and the vast majority of whites. Not that black Cubans are living in a dream world, thinking everything will come as a godsend: they know that rain and snow are the only things they can expect from heaven; everything else calls for a lot of wrestling. 

The main battle facing Cubans of black and mixed racial ancestry, then, is to keep building the society which opened so many doors to them, and also, why not, share the power with the nonwhites in a milieu marked by unique realities and opportunities. This is unquestionably more feasible in today’s Cuba than anywhere else, at least in our hemisphere. And again, I’m including the United States where, despite its civil rights movement and matchless wealth, 90% of African-Americans still live below the poverty level. 

What’s the plan of those in the United States, and particularly in Miami, who sell the victim’s speech to Cubans in the island? Plainly and simply, to burden them with forms of struggle that never worked for them in order to establish organizations, factions and sects of discontentment as they sweeten them with USAID money, only to put them to work in the end for the heralds of racism in Washington and Miami, a sorrowful mission already undertaken by some U.S.-based black Cubans. 

I don’t think they do so without knowing they are betraying their fellow human beings; it’s just that lining their pockets is more important. Like it or not, they have thus become pawns of the same Miami mafia whose only aim is to recover whatever properties and privileges they left in the island. Paradox: those privileges included discriminating against black people in Cuba. 

Actually, there in the background of their speech –the victim’s– lies the intention that these nonwhite Cubans work for counterrevolutionary subversion, that is, to undo the political, social and economic process which has made it precisely possible for those ethnic groups to attain a social status in their country that very few of them could only dream of, the existing problems notwithstanding. 

The bottom line is that Cuban blacks and people of mixed race have no use for such “victim’s speech”, nor do they need it. Therefore, those in the U.S. would better use their time and effort to come up with a speech of their own so they can help themselves survive in the midst of the racism which is characteristic of American society and especially of Miami. 

In Cuba we know exactly who’s a friend and who’s an enemy. 

*Esteban Morales: Doctor of Sciences, University Professor, Economist and Political Scientist specialized in topics related to U.S. economics and foreign policy. He is currently with Havana University’s Center for U.S. Studies (CESEU).


El tema racial y la subversión anticubanatop

Año VI. La Habana 8 al 14 de SEPTIEMBRE de 2007 
www.lajiribilla.co.cu/2007/n331_09/331_18.html

Esteban Morales Domínguez • La Jiribilla


El conflicto entre Cuba y Estados Unidos se nos presenta con diferentes facetas. Sobre todo si tomamos en consideración el interés de la política norteamericana por subvertir a la sociedad revolucionaria cubana. Tratándose de un fenómeno que va desde las intenciones de liderar los procesos sociales en Cuba, pasando por arrebatar de manos de su dirección política el liderazgo de los cambios internos, hasta llegar a producir la subversión del régimen socialista. 

Los llamados "documentos de la transición", del 2004 y el 2006, se han propuesto una crítica sin límites de todos los procesos que tienen lugar en la Isla, con el objetivo de ofrecer la peor imagen de Cuba en todos los aspectos de la vida nacional. 

No es de extrañar entonces, que en ciertos retos que el país debe enfrentar, se trate de inducir a formas internas de comportamiento que perjudiquen la marcha del proceso revolucionario cubano. Uno de esos temas es la cuestión racial, tratada en los referidos documentos. Para ello toman como instrumento a ciertos grupos, supuestamente académicos, pero en realidad, bajo el papel de subalternos que siguen a la administración norteamericana en la política contra Cuba. 

Algunos negros del otro lado de Estrecho de La Florida, porque no son todos, tratan de situar a los negros y mestizos de Cuba como víctimas en su propia tierra. Por supuesto, víctimas de quién, sino del Estado cubano, el Gobierno y el Partido Comunista de Cuba. Pues existe la marcada tendencia a considerar a los que permanecen de este lado del espectro político, poco menos que ovejas o personas estúpidas, carentes de todo proyecto propio. 

En esta tarea de manipular el tema racial en Cuba como objeto de subversión política, están vinculados individuos como Enrique Patterson, quien relaciona el tema con los asuntos de la gobernabilidad o del potencial político contestatario, que según este individuo está presente en la población no blanca en Cuba. 

Enrique Patterson fue profesor de Filosofía en el Departamento de Marxismo Leninismo de la Universidad de La Habana. Abandonó el país en 1990 y reapareció poco después en el Congreso de LASA en Washington, haciéndose acompañar de dos funcionarios, al parecer, del Dpto. de Estado. No resultando difícil inferir quien pagaba sus gastos y con que propósitos lo habían llevado al Congreso. Ahora vive en Miami y se dedica a escribir sobre la problemática racial en Cuba, con una línea de pensamiento que lo vincula directamente a los propósitos del Gobierno Norteamericano. 

En similar tarea manipuladora se halla Ramón Colás, que lidera en Missisipi un Proyecto de Relaciones Raciales. O la Revista Islas, que hasta hace poco buscaba conexiones para lograr producciones sobre el tema racial desde dentro de la Isla. 

El Miami Herald, por su parte, aparece continuamente como reservorio de todos los artículos que sobre el tema racial en Cuba, son publicados en los Estados Unidos. 

Es cierto que en Cuba hay que trabajar mucho aun para que las diferencias e inequidades sociales terminen por desaparecer. Problema que afecta tanto a negros como a blancos, aunque dentro de ellos, más a los negros quienes aparecen con las mayores desventajas. Resultado ello principalmente, de los desiguales, puntos de partida históricos con que arribaron a 1959 los diferentes grupos raciales que hoy integran la sociedad cubana. 

Sería tonto y poco más que anticientífico pensar, que 450 años de colonialismo y de explotación neocolonial, pueden ser borrados en poco menos de 50 años de revolución, por muy radical que ésta haya podido ser. 

La política social desplegada por la revolución reconoció a todos el derecho a la educación, la salud, la seguridad social y el acceso al empleo, lo cual benefició por igual a todos los ciudadanos pobres y a los negros y mestizos como una gran mayoría dentro de ellos. 

No se trata de conformidad, porque, al mismo tiempo debemos reconocer que el tema, después de ser fuertemente abordado por el máximo líder de la Revolución en 1959, no fue consecuentemente seguido después y pernoctó desde entonces en el silencio, debido a que se creyó que al crear una política social que igualaba en todos los sentidos a los negros y mestizos con los blancos y una política nacional de principios que parecía garantizar la plena igualdad en la sociedad cubana, solucionaría estos problemas, olvidando las terribles secuelas que se arrastraban tanto en el orden material como en el subjetivo. top

Debemos tener en cuenta que a principios de los años sesenta, el gobierno de los Estados Unidos comenzó una verdadera guerra de agresión contra la Revolución Cubana y el tema racial pasó entonces a ser considerado como algo que podía dividir a las fuerzas revolucionarias ante las difíciles batallas que debían ser enfrentadas. 

Sin embargo, sin ser partidario de la llamada "teoría del tuerto", quien es rey en el país de los ciegos; no veo ningún país en este hemisferio, incluido Estados Unidos, donde se haya hecho tanto como en Cuba por la justicia, la igualdad y la equidad racial. 

Del mismo modo, no conozco desde antes de 1959, de ningún gobierno aliado de los negros y mestizos; ni tampoco de un estado o gobierno del cual estos hayan podido esperar más que demagógicos discursos y sí casi ninguna acción concreta, para sacarlos de sus barrios marginales, darles salud y educación gratuita, esperanzas reales de una vivienda decente, un buen empleo y dignidad personal. Mucho menos, que cuando enfrentaran a la justicia, fuesen tratados en igualdad de condiciones. Realidad que aún sufre la inmensa mayoría de los negros en Estados Unidos. 

Los negros de Cuba luchan todos los días en los espacios abiertos, que ya son muchos, sin dejarse engañar por aquellos, que lo primero que tendrían que hacer sería superar la republiqueta racista, modelada a imagen y semejanza de los años cincuenta en Cuba, que le han construido a los negros cubanos de Miami, la extrema derecha cubano-americana. Dejando prácticamente a la inmensa mayoría de los negros que allá viven, en el mismo lugar que ocuparon en la Cuba neorrepublicana, solo que casi 50 años después. Y ni siquiera hablar de que puedan los negros prosperar en cuanto al acceso al poder. El poder allá, es sólo para los blancos ricos, como lo fue en Cuba antes del triunfo de la revolución. Aunque también otras formas de discriminación penden sobre los blancos cubanos, que aunque sean ricos, cuando emigraron a Estados Unidos, dejaron de ser "blancos" para devenir en "hispanos". 

Por lo cual, como Carlos Moore, no pocos reconocen el racismo y la discriminación existente dentro de la población cubana que vive en los Estados Unidos. 

Del lado de Cuba, los negros y mestizos trabajan desde el poder; porque tienen conciencia de ello. Por lo que, con todo desenfado, se podría decir que en Cuba van siendo cada día más los negros en el poder y muchísimos los blancos que están dispuestos a compartirlo. Pues para eso también se hizo la Revolución Cubana. Siendo esa la plataforma verdadera para la igualdad, pues lo demás se soluciona con el tiempo, la dinámica política existente y la voluntad de los negros y también de la inmensa mayoría de los blancos de la Isla. Tampoco se hacen ilusiones, los negros en Cuba, ni de que nada les vaya a caer como regalo del cielo. Pues del cielo, lo único que cae es agua y nieve, todo lo demás, hay que batallar mucho para conseguirlo. 

Entonces, la principal batalla de los negros y mestizos en Cuba, es continuar construyendo esa sociedad que les ha dado las facilidades ya mencionadas y por qué no, también compartir el poder con los blancos en igualdad de condiciones, en medio de realidades y oportunidades tanto únicas como sui generis. Todo lo cual, es sin dudas, incomparablemente más posible en la Cuba de hoy, que en ningún otro país al menos de este hemisferio. Repito, incluido Estados Unidos, donde a pesar de la lucha por los Derechos Civiles y de tratarse de la nación más rica del planeta, todavía un 90 % de los afronorteamericanos continúan viviendo bajo la línea de pobreza. 

¿Qué tratan de hacer los que desde Estados Unidos y en particular desde Miami, les ofertan a los cubanos de la Isla el discurso de la víctima? Simplemente trasladarles formas de lucha que a ellos nunca les ha dado resultado. Crear en Cuba organizaciones, grupúsculos, sectas y descontentos, tratando a la vez de endulzarlos con el dinero de la AID, para al final, ponerlos a trabajar en beneficio de los racistas de Washington y Miami; triste misión que ya algunos negros cubanos, en los Estados Unidos, están cumpliendo. 

No creo que desconozcan que así traicionan a sus congéneres. Pero llenar sus bolsillos es más importante. Por lo que quiéranlo o no, son anexos de una misma mafia, aquella que desde Miami, lo único que le interesa es recuperar sus propiedades y privilegios en la Isla. Paradoja: parte de esos privilegios, también era discriminar a los negros en Cuba. 

Realmente, en el trasfondo de su discurso, el de la "víctima", subyace la intención de que los negros y mestizos en Cuba trabajen para la subversión contrarrevolucionaria o sea, para desbaratar precisamente el proceso político, social y económico que en Cuba ha permitido, aun en medio de las imperfecciones que subsisten, que el negro y el mestizo hayan llegado en la Isla a un status social al que muchísimos de ellos no podrían llegar, ni siquiera en sueños. 

Entonces, no sirve para nada a los negros y mestizos en Cuba el "discurso de la víctima". No lo necesitan. Por lo que sería mejor que ese tiempo y esfuerzo, los de allá, lo dedicaran a construir un discurso propio, que les permita a sí mismos sobrevivir en medio del racismo que caracteriza a la sociedad norteamericana y en particular a la miamense. 

En Cuba hay claridad de quienes son nuestros aliados y quienes nuestros enemigos.

*Esteban Morales: Doctor en Ciencias y Profesor Titular. Economista y Politólogo. Se ha especializado en temas sobre economía y política exterior de Estados Unidos. Trabaja en el Centro de Estudios sobre Estados Unidos de La Universidad de La Habana (CESEU). 

© La Jiribilla. Revista de Cultura Cubana
La Habana, Cuba. 2007.
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Malcolm X: An Unyielding Revolutionary, 7/16/07top

Then Nation of Islam minister and spokesman Malcolm X 
being interviewed by Cuban journalist Renaldo Penalver 
Moral
during discussions in Harlem in the early 1960s.
Originally uploaded by Pan-African News Wire File Photos

By Esteban Morales
Cubanow

In September 1960, Malcolm X became one of those world personalities linked to the Cuban Revolution, not only for his revolutionary position, and his unyielding solidarity with Cuba, but also by being linked very early with the top leader of the Cuban Revolution, Fidel Castro, at the Theresa Hotel, in Harlem, New York.

Forty-two years has passed since February 21st, 1965, when one of the brightest and most rational leaders of the 20th century was murdered.

He was born in Omaha, Nebraska, on May 25th, 1925 and christened as Malcolm Little. His father was a Baptist pastor; follower of Marcus Garvey’s ideals, and his mother was born on the Caribbean island of Grenada.

He adopted his muslin name, Hajj Malik El Shabazz, after his pilgrimage to Mecca but was known worldwide as Malcolm X.

His social struggle was extremely intense and hard; by different and unconventional ways for his times, he reached a theoretical conception and a strategy for the struggle of Black North Americans, thus emerging as a leader in the world struggle against imperialism.

Malcolm X lived in Boston and New York, where he was arrested after having participated in larceny, drugs, gambling, and other misdemeanors. He was imprisoned in a Massachusetts jail until 1952.

During his prison stay he joined the Muslim organization, Nation of Islam, and it was then he took the name by which he became universally known: Malcolm X.

Prison had a positive influence on his youthful personality, a process in which his activist Muslim comrades helped him. Released, still only 27, he decided to change the erratic course of his previous life.

One year after being released he was appointed a Minister of the Nation of Islam organization.

By that time, the clearest idea of the meaning of religion for Malcolm X, in the context of his political ideas, was eloquently expressed in the following: “If I must accept a religion which doesn’t let me fight for my people, to hell with it” (See: Malcolm X speaks: speeches, interviews and statements. Pathfinder Press, United States, 2002, p. 114, source of quotations used in this essay which are, however, retranslated from the Spanish.)

In 1963, Malcolm X lived through a very hard period in his political life, when he had to make the decision to leave the Nation of Islam, the organization to which he owed so much and that had so heavily influenced his initial training.

He made such a decision when he realized, from a private conversation, that its head and spiritual father, Elijah Muhammad, whom he had faithfully followed, exhibited morally inadequate personal behaviour. For his part, he reached the deep conviction that inside the organization the role of leaders was only to look after the interests, frequently spurious, of its top leader and besides, he had experienced its total lack of interest for political activity among North American Black people.

In fact, the Nation of Islam was not consistent with the principles it preached, in the midst of its top leader’s abuse of power and authority. This continually involved the organization’s hierarchy in covering up shameful actions to its economic benefit, coordinated through the KKK and other racist and fascist-like organizations.

From the moment Malcolm X left the organization, over such compromising reasons, he became a danger, both for the organization’s leadership as well as for the organization itself.

In fact, the Nation of Islam, with its bourgeois nationalist tendency and a leadership continually engaged in and committed to attaining space within the economy of the US capitalist system, was quite the opposite of what Malcolm X expected from any organization seeking to struggle for Black liberation.

Malcolm X intended to overcome such mentioned faults when he founded his two organizations: the Afro-American Unity Organization (AAUO), initiated in New York, in 1964, and what was called the Muslim Mosque, shortly afterwards. His intention was to cover both the religious and political concerns of black communities.

Malcolm X has frequently been labelled racist and violent. Many of those who don’t know him, or those who know him very well, especially these last, try to slander him, by comparing him with Martin Luther King; considering Malcolm the “red” demon, and King the “black” angel. A Manichean position widely used to introduce much confusion in understanding the real role of both personalities and their place within the Black struggle.

Malcolm X did not judge anyone by the color of their skin. Even when he spoke about Blacks, many times he was referring to non-white people (saying: “Blacks”, “Browns”, “Yellows” “Reds”, etc) to give a comprehensive view of the problem of white colonization of these peoples, in some ways slaves in their own land; like the North American Black, he never got tired of repeating, they didn’t arrive on the Mayflower. These concepts allowed him to expose the common enemy and forge the alliance and solidarity which has to exist between all the exploited of the world, Afro-Americans, Chinese, Indians, Latin Americans, etc.

This concept set him apart from either from the black or white racism affecting so many organizations at that time, and brought him closer to a true concept of what the struggle against any sort of racism and discrimination should be, including discrimination against women, an aspect to which he also paid attention.

Although Malcolm X did not worship violence, he was always against Blacks being called upon to be peaceful, when the most ruthless violence was used openly and continually against them. So he said about this: “ I myself would accept non-violence if it were consistent, if it were intelligent, if everyone were non-violent, if we were always non-violent. But I’m never going to accept… any sort of non-violence, unless the whole world is non-violent”. (op cit. p. 142). Undoubtedly, one would be a fool to agree to be non-violent within a society overwhelmed by all sorts of violence against its Black and non-white populations, as North American society is even today, to try to inculcate an ethic which neither the police, nor the courts, and not even the government itself, put into practice in the United States of America.

He did not support violence, but he deeply understood that it was unavoidable, to the extent that its origin came from the marked intention of keeping Black people exploited at any cost, permanently condemning them to being second and third rate citizens in their own land. All the mechanisms, authorities and instruments of the North American political system collaborated towards this aim.

So Malcolm X was neither racist nor violent. It’s North American society that day after day is more and more racist and violent. Despite that, it can’t be said that the Civil Rights struggle made no progress at all.

From the beginning, Malcolm X was linked not only to the personal consequences of the Black struggle in the United States, but he also paid careful attention to the struggle of other oppressed peoples inside the U.S. and at world level. With his travels basically through Asia and Africa, he kept on enriching this perspective.

That’s to say, Malcolm X, from his origins as a revolutionary leader, also put forward in his training the strong internationalist component which always characterized him. So within his thought as well as his political action, the Black struggle in the United States was only part of the whole revolutionary endeavour of the liberation struggle at world level.

Even more, Malcolm X did not consider himself North American, but a victim of North Americanism. In 1964, he said in Cleveland, Ohio, “I speak as victim of this North American system and I see the United Sates through the victim’s eyes. I don’t see an American dream. I see an American nightmare”.

For Malcolm X, the North American system was a rotten, corrupt, exploiting one, which enlisted Blacks in the economic and political mechanisms of exploitation, discrimination and moral degradation.

He never used the expression “Our Government” nor spoke about “Our Armed Forces”, rather expressed himself “Don’t deal with Uncle Sam as if he were your friend... if he were your friend you wouldn’t be a second-rate citizen... we have no friends in Washington”.

Such starting points to qualify North American society make it very clear that North American Black people are really a people exploited and discriminated against within their own country, because the white people have appropriated it, leaving the immense majority of North American Blacks in a situation similar to Third World exploited peoples. Such terms also served to make him an extremely “dangerous” person, continually persecuted by the North American Special Services, until his assassination on February 21st, 1965.

With the introduction of “Black Capitalism” during Lyndon B. Johnson’s administration, and the demands achieved, as a result of the Civil Rights struggle, the situation would change; improvements in recognition of economic, social and political rights for Blacks arrived. The Civil Rights struggle hadn’t been in vain but the changes that took place were limited, within a capitalist and essentially racist society.

With Blacks enlisting in capitalist dynamics and using “Affirmative Action”, a new context emerged, inside of which a Black upper middle class, subordinate to the white oligarchy, became a paradigm for the huge majority of Black people. And the huge majority of Black people would follow that “carrot on the stick”, and the final result is that currently from 5% to 7 % (no more) of Black people enjoy a subordinate class position, exploiting Blacks themselves and also enjoying privileges of the system. Meanwhile, more than 90% of that population remain under the same conditions of exploitation and discrimination that haven’t substantially changed today.

In Malcolm X’s speeches, interviews and statements, it’s quite clear that he didn’t share the strategy of the Civil Rights struggle. He considered this kind of struggle was not the correct one. But, did this mean that Martin Luther King wasn’t right? In reality, it’s a very hard question to answer. So we prefer to focus on the drawbacks that both forms of struggle presented and the problems stemming from the national and international context in which such battles had to be fought.

Undoubtedly, Malcolm X was a more radical leader with a broader vision than King; but based only on this is it possible to affirm that the former was right? Not always in politics does radicalism equal the triumph of the strategy for struggle based on it. Neither, if a strategy for struggle failed, does it mean it was wrong. There are too many circumstances converging in a process of political struggle to be able to arrive at conclusions so easily.

Notwithstanding, the truth is that both strategies of struggle had their drawbacks.

What were those strategies? We’ll look briefly.

• For Martin Luther King, the Black struggle should have concentrated on claiming from North American society the civil rights corresponding to being part of the North American nation. Among these rights, as the fundamental one: to be treated as equals. This struggle was understood as strictly within U.S. territory, although not excluding the possibility of receiving international solidarity even though the form of struggle didn’t facilitate it. The method of struggle should be completely peaceful.

• For Malcolm X, the Black struggle didn’t exclude claiming their civil rights, but it should basically be concentrated on strengthening their communities, their political and religious organizations, in order to demand the rightful place of Blacks within North American society. This struggle was focused on the basis of what Malcolm called “Black Nationalism”; that is, considering Black people as a subjugated nation within its own country and the existing capitalist system as its enemy. Because of this, his struggle was part of the struggle of all the exploited of the world. The struggle should be peaceful, but not exclude the use of violence, if imposed by the exploiters.

Malcolm X considered that the United States, as well as Black people, had a very serious problem: Blacks were undesirable and the tendency was to treat them as second and third class citizens.

For Malcolm X, neither the Democratic or Republican parties represented an alternative in the search for support for the struggle within North American society.

The foregoing was expressed as: “...Every time you see yourself in the mirror, whether you’re black, brown, red or yellow, you’re seeing a person who’s a serious problem for the United States, because they do not want you here”.

So for him all these people should unite. But not only within the United States, rather with all their kind all over the world, and raise a great movement of vindication that he called “Black Revolution”.

This revolution had a common enemy. This enemy was the white colonizer, always European: Spaniards in America, British in Africa, French, Belgians, Portuguese, Germans; all whites, who had moved all over the world with their colonial enterprises, exploiting all the American, Asian and African peoples. These were the imperialist colonizers who did the same to everybody, including North American Blacks, those who didn’t arrive on the Mayflower, but on slave ships.

Conceiving of the North American Black population as it really was: a mass that hadn’t overcome its condition of slavery, unequally exploited in relation to the rest of the population, white workers, and discriminated against in the context of social life, Malcolm X was able to reach another very important conclusion: in reality it was a people suffering under a situation that didn’t differ at all from that of the exploited in the Third World, in Asia, Africa and Latin America, only that for North American Blacks this was happening shamefully inside the richest society of the world capitalist system, and of the whole known social universe.

At the same time, Malcolm X takes on pointing out the strong link existing between Blacks in the U.S. and Blacks in Africa, the continent from which the slaves were brought to North America. This underlined a close relationship between the ways the Blacks in Africa and in the United States were treated.

Because of this, according to Malcolm X, civil rights weren’t an adequate or real platform for the struggle of U.S. Blacks to win their demands, since they were limited to the national plane. This implied that the natural allies of North American Blacks stayed on the margins; something very convenient for the North American white exploiting elites.

Because of this, Malcolm X considered that the struggle of North American Blacks should be focused on the basis of human rights, because these had a more universal character, as well as the advantage of connecting the United States Black struggle with that of all the exploited at the world level. Thus it also offered a platform that permitted projecting internal battles into the debates on international stages like the United Nations Organization. While Civil Rights confined the struggle to the national plane, that is, inside the framework of North American sovereignty, reducing everything to an internal scenario where the North American oligarchy could get out of an international debate on exploitation and discrimination, besides controlling and limiting it to a purely domestic question. Like the Democratic Party always tried to do.

Such political clarity in Malcolm X’s approach concerning the framework in which to develop the Black struggle raised it to the stage of the anti-imperialist struggle, because it was solidly linked to the struggle of all the world’s exploited peoples, as well as to the complex aspect of understanding the existence of a common enemy, only differentiated by the different national masks it wears..

This was also to take the struggle to the level of necessary international solidarity between those directly exploited by their native oligarchies, which are nothing but subordinate classes of the international-trans-national oligarchy, inside of which the U.S. bourgeois monopoly class is the most powerful, best articulated and connected at world level. From this perspective, the exploitation and discrimination suffered by Blacks in the United States comes as an indirect result of U.S. imperialist action.

As well, such an approach offered the objective, practical and theoretical basis that allowed responding to the essence of a struggle that, all in all, must be global, although it takes place at a national level.

These ideas convert Malcolm X into a world leader of the anti-imperialist struggle. So he can’t be labelled only a leader of North American Black people. The truth is Malcolm perceived very early that keeping the Black struggle within the Civil Rights framework could only benefit North American white exploiting elites, who had early devised and put into practice a model of assimilation of the Black struggle into the dynamics of U.S. capitalism. Just as they’re doing now, faced with the reality that Hispanics are becoming the largest minority in North America.

These reasons allow us to affirm as well that the demands achieved by Blacks, as a result of their struggle for civil rights - neither few, nor unimportant – can’t be deeply understood if they’re not also seen as the high price the white elite was forced to pay in order to “calm down” Blacks and succeed in involving them in the economic and political machinery of capitalism in the United States.

When analyzing the matter of current poverty within that society we see clear evidence that the Civil Rights struggle did not mean a significant, essential change in the situation of Blacks in the U.S.

The United States is the richest society in the world, although the one having the most concentration of wealth and, as a consequence, the worst distribution.

Thus, the wealthiest 10% of the North American population owns 81.8% of real estate wealth, 81.2% of stock shares, and 88.0% of bonds. (Legt Business Observer, No. 72,,USA, April 1996, p.5 ).

But the situation becomes even worse when we know that only 1% of the U.S. population owns 60% of the shares and 40% of the total wealth. (The Ecology of Commerce, New York, Harper Business, 1993 ).

Then let’s look at some considerations, more particularly and closely related to the topic of “race”.

More than in any other developed capitalist society, poverty in the United States is clearly identified with a power structure, supported by various pillars of social, cultural and racial stratification formed from colonial times up to the definitive establishment of capitalism within North American society, and that have not been able to be overcome. In North American society there is a social structure in which, in general terms, “race”, class, social status and level of poverty are structurally linked:

Theoretically, it is possible for everyone to rise up the social scale, but, in practice, belonging to an ethnic group tends to equal social class.

We don’t want to expand on this, but there are statistics showing that beyond the problems of employment, health and education, other indicators going from levels of access to education, health, home ownership and justice enforcement, just to mention a few, work completely against the great mass of North American Blacks.

More recently, George Bush’s (son) administration has given eloquent examples of the measure in which the black population might be among its priorities. Just to mention three aspects:

• The total oblivion for the racial program, “Only One America for the 21st Century”, launched by William Clinton:

• Hurricane Katrina, that mainly devastated New Orleans, has left an insurmountable mark amid the lack of attention paid by the Bush administration.

• The Katrina tragedy, the most dramatic event lived by North American society in the latest 60 years, is not even mentioned in the 2006 State of the Nation Report.

The fact that Malcolm X’s strategy was crushed by his assassination has had disastrous consequences for Blacks in the U.S. The opportunity was lost, and today there are not Black leaders able to change the situation. The Black population has been definitely absorbed by the dynamics of capitalism, and there exists very little or almost nothing allowing a return to Malcolm X’s clear idea that the North American Black population could strengthen itself as an integrated community, to struggle for its place within North American society, achieving something more than being absorbed and becoming an instrument for “Black capitalism”, fragmented by the crumbs of social participation that Blacks have achieved through “Affirmative Action”, itself strongly questioned in recent years under attack as “reverse racism”.

Blacks have lost their strength as community; they have been used as one more sector dancing to the rhythm of music played and directed by the white trans-national oligarchy. Their only chance now would be to join a context of struggle, where many are unaware of the specific aspects of the structural inferiority Blacks are kept in within U.S. capitalist society.

Inside a society with a political system hegemonically ruled by two parties, fragmented trade unions, and left parties without real possibilities of taking part in the electoral game, Blacks, as a social sector, in the huge majority, have no chance to increase their place within the North American social structure.

Malcolm X’s assassination was the result of a group of situations acting as a system, to eliminate a person who had become a real danger for the ruling white oligarchy’s interests from public life in North American society. The specific reasons justifying his physical liquidation are linked to the following aspects:

• Only 42 when he was murdered, he had become an unquestionable Black leader, both in the United States as well as at world level.

• His “black nationalism” strategy constituted a platform which independently mobilized the North American Black community, relying on their own forces, and not letting themselves be towed by capitalism dynamics.

• The international approach and solidarity with the revolutionary movement in Asia, Africa and Latin America, which stamped the strategy, made North American Black people a working unit in the anti-imperialist struggle at world level.

• He had broken with the Nation of Islam - not only over political, but ethical disagreements, which seriously affected the action and leadership of that organization. Then he founded organizations that turned out to be very efficient in the objectives they pursued: the Muslim Mosque and the OAAU, which represented a competition weighing heavily against the Nation of Islam.

• He advocated that the United States should be understood as a corrupt, exploiting, immoral society, which maintained an economic and political system that always ranked Black people as second and third rate citizens.

The truth is that Malcolm X was a much more dangerous leader than Martin Luther King. The latter, despite his honesty, his true dedication to the Civil Rights cause and his desire to benefit Blacks, had remained enrolled in the mechanics of the system, and in the end became exploited by purposes that weren’t those that had originally inspired him, although this didn’t save his life. Martin Luther King was a person too honest to betray his ideals, he was a honest and unyielding fighter for his people’s rights, but he wasn’t a revolutionary leader as such.

The 1954 Bandung Conference and the founding of the OAU (Organization of African Unity), the latter without doubt the most prestigious international organization of the African continent, strongly inspired Malcolm X.

But, as Malcolm X expressed, the most important thing is “…the motto of Afro-American Unity is by any means necessary. We don’t believe in fighting a battle in which... our oppressors are going to make the rules. We don’t believe we can win a battle where those who exploit us dictate the rules. We don’t believe we can keep on struggling trying to win the affection of those who have been oppressing and exploiting us for so long.” (p. 200).

From being almost non citizens, because Blacks had no right to vote, were not admitted to universities, they couldn’t join the Army, they were scarcely hired in industry, they moved forward to second rate citizens.

As a result of all this, the truth is today there is not a Black movement in the United States even similar to that of the 1960’s. Neither does there exist a Black political leadership able to attract Blacks nationwide to a broad struggle for their demands. Almost all the current black leaders are cogs in the North American political system.

Notwithstanding, other considerations aside, the plain true is that Malcolm X, both by his political clarity and his theoretical consistence, as well as for the justice of his actions and aspirations, more than as a leader of the Black struggle in the United States, has been acknowledged as one of the strategists of the revolutionary struggle against imperialism at the world level. So his ideas and the battles he fought are still a considerable source of experience for the Black struggle in the United States, and for all the world’s exploited peoples.

Esteban Morales Domínguez, Dr. of Sciences
Centro de Estudios sobre los Estados Unidos (CESEU) Centre of Studies of the United States of America (CESEU)

University of Havana.
July 16, 2007

Curriculum Vitae


Minicurriculum-vitae

-Esteban Miguel Morales Dominguez. Nacio en Cardenas, Provincia de Matanzas el 26 de agosto de 1942.

-Economista, politologo y ensayista.

-Miembro de la uneac.

- Dr. en ciencias economicas.
- Dr. en ciencias ( el mas alto grado que se otorga en cuba).
- Profesor –investigador titular de la Universidad de la Habana.con el grado maximo de consultante.
- ha ocupado varios cargos academicos en la Universidad de la Habana entre ellos: Director de la Escuela de Ciencias Politicas, Decano de la Facultad de Humanidades. Fundo y dirigio por 18 años el hoy Centro de Estudios Hemisfericos y sobre Estados Unidos de la Universidad de la Habana..
- ha sido nominado en 4 ocasiones al premio nacional de economia.
- en este año 2009 ha sido nominado al premio nacional de ciencias sociales.

obstenta, entre otras, las condecoraciones siguientes:
- orden Carlos J Finlay (mas alta condecoracion cientifica que se otorga en Cuba)
- distincion maestro de america (que otorga la asociacion nacional de historiadores).
- distincion maestro destacado del siglo xx (que otorga la Asociacion Nacional de Pedagogos). 
- orden 280 aniversario de la Universidad de la Habana. –
- orden por la obra cientifica de la vida en la Universidad de la Habana.
- miembro del comite cientifico cubano de la UNESCO la ruta del esclavo.
- miembro de la comision nacional de reflexion sobre la racialidad en Cuba.
- miembro de la comision permanente de la UNEAC de lucha contra el racismo y la discriminacion racial.
- frecuentemente aparece en los medios radiales, la television y la prensa escrita, tanto en Cuba como en el exterior.
- tiene mas de 15 libros como autor principal y como coautor.
- ha publicado mas de 100 articulos teoricos, sobre economia, politica, relaciones internacionales y relaciones raciales en Cuba.


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