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Victor Fowler
© 2013 Pedro Perez Sarduy
de Victor Fowler: acerca del editorial de La Jiribilla...   16/4/13

Estimada Nirma, me veo precisado a interrumpir el artículo –sobre el trabajo de promoción de la lectura en prisiones- con el que pretendo homenajear a mis antiguos colegas del sistema nacional de bibliotecas públicas. Las derivaciones alrededor del “asunto Zurbano” continúan y pensé en que, al menos de mi parte, lo adecuado era ya callar; en especial porque no deseo introducir nuevas cuñas para una pelea entre compañeros reales o posibles. A veces lo más sabio es tomar un tiempo para repensar los argumentos y entonces colocarlos a un nivel superior y para audiencias mayores; ello implica que preferiría cesar el intercambio porque:

  • las diferencias de criterio empiezan a centrarse en aspectos alejados del problema central que inicialmente nos convocó y que sigue siendo el más importante: las opiniones de Zurbano acerca de la existencia de modalidades de racismo en el país, así como las consecuencias futuras de esto.

  • existe la amenaza de que el traspaso de argumentos se transforme en un diálogo bizantino, acaso tan estéril como enmascarador durante el cual un minúsculo grupo de intelectuales nos adentremos, cada vez más, en la elucidación de micro-diferencias acerca de detalles (más puntuales a cada nueva ronda). Visto desde otro ángulo, que en lugar de aproximarnos a aquellos que pretendemos “defender”, nos alienemos de ellos dejándonos atrapar en las revueltas para la fabricación o crítica de uno u otro discurso exquisito.

  • el impacto de lo que aquí se intercambia es prácticamente nulo en la gran masa de la población cubana, sin posibilidad de acceso a los contenidos que circulan en la red. A este respecto, por cierto, vale la pena soñar con un mundo donde –como mismo es costumbre practicar respecto a los grandes temas de prensa digital extranjera- la radio y la televisión cubana nos tengan al tanto de lo discutido en los espacios web nacionales, los que hoy día son un verdadero hervidero de opiniones, críticas y todo tipo de debates.

A pesar de lo anterior, la manera en la que La Jiribilla, me da una respuesta “oficial”, colectiva y colegiada (por tratarse de un suerte de editorial no firmado) al texto que –como parte de este intercambio de opiniones- les envié (Derivas con (por, y desde) Zurbano: Dolor, alegría y resistencia), me obliga a intervenir a este respecto una vez más y –puesto que deseo que sea la última- intentaré ser exacto y mínimo en lo que afirme.

El texto El debate racial en Cuba: Participar desde el respeto a la diferencia (aparecido en La Jiribilla en las condiciones que ya precisé) contiene el siguiente par de párrafos:

“Siguiendo la más elemental ética profesional y el respeto a la diversidad de opiniones que ha caracterizado a La Jiribilla durante los casi 12 años de su existencia en Internet, se conversó por teléfono con Roberto Zurbano, para informarle que publicaríamos una selección de artículos llegados a la Redacción que confrontaban sus enfoques en The New York Times. Preguntó si podía responder a los mismos, y se le aseguró que estaríamos a la espera de sus comentarios.

Debió ser Zurbano quien se pronunciara de inmediato sobre el artículo publicado desde el sábado 23 de marzo en uno de los periódicos de mayor circulación mundial. Durante la conversación con él, no dijo una palabra sobre la manipulación del New York Times a pesar de que nuestras páginas siempre estuvieron abiertas para publicarle sobre esta misma polémica, o sobre cualquier otro tema que considerara pertinente enviarnos.”

Lo que he denominado como una “normalización del error” está (y es lamentable que se quiera no percibirlo) en que lo que la idílica escena nos dice es que La Jiribilla comunicó con su colaborador (Zurbano), pero no para manifestarle inquietud y sorpresa por lo que ese órgano de la prensa extranjera (el New York Times) estaba diciendo como si realmente Zurbano lo hubiese dicho, sino para avisarle que saldrían varios artículos en su contra. Trato de seguir el relato y entonces entiendo por qué falta, ya que lo que realmente estamos viendo es que la redacción de la publicación –en un gesto equivalente a una elección de posición- aceptó las respuestas (la mayoría de ellas provenientes de colaboradores habituales), antes de averiguar con su otro colaborador (Zurbano). La Jiribilla declina toda responsabilidad y deja en manos de Zurbano la responsabilidad por no haber “hablado” para explicar lo que estaba sucediendo con la manipulación, pero al ser La Jiribilla la que cambia el carácter de la relación con su colaborador (abriendo las páginas para que sean publicados casi una decena de textos en su contra, desde el comentario desconcertado hasta el ataque frontal y heridor) es a quien corresponde realizar la pregunta.

Lo otro sobre lo cual escribiré es acerca de la incomodidad de La Jiribilla por haber sido señalado como un espacio en el cual, al calor de la discusión, han sido vertidas opiniones que “niegan el nivel actual de las ciencias sociales” cubanas. De la marea posible de textos a citar, para demostrar el bajo nivel de algunas de las “críticas” que la publicación acogió me conformaré con citar, procedentes del mismo volumen, un artículo científico y recomendar otros (en: Las relaciones raciales en Cuba. Estudios contemporáneos, La Habana: Fundación “Fernando Ortiz”, 2011); el primero de ellos, del cual extraeré una larga cita que nos permita hacer comparaciones, se titula Movilidad social y filiación racial en la reestructuración económica en Cuba, de la autora Lázara Y. Carrazana Fuentes, y se trata de un estudio, hecho entre enero y abril de 2002, en las Playas del Este de la Habana. Al final del artículo su autora extrae las siguientes conclusiones:

“Los ritmos de la movilidad se comportan de manera diferente entre los grupos raciales, en específico en el acceso al sector turístico, y a determinadas categorías ocupacionales. Los blancos perciben menos cualquier irregularidad que se produzca en relación con la raza; los negros, al contrario, y los mestizos fluctúan entre unos y otros.

La muestra refleja la existencia de mecanismos sutiles que obstruyen la movilidad ascendente de los negros, y en menor grado de los mestizos, sobre todo para ocupar puestos de poder.”

………………………

“Se confirma, por otro lado, lo que en anteriores estudios se había observado: los blancos son los que reciben más remesas desde el exterior; en segundo lugar los mestizos y en último lugar los negros. Si a eso agregamos que los blancos ocupan en su mayoría puestos económicamente más ventajosos, se podrá verificar que se encuentran en condiciones mucho más favorables de existencia.

En este mismo orden de cosas se manifiesta el tema de la representación sociorracial de las ocupaciones. Se obtuvo la visión de una sobrerepresentación de blancos en los puestos de trabajo mejor remunerados, y de los menos valorados socialmente como ocupados, en su mayoría, por negros, lo que, desde esta perspectiva, también fundamenta el estereotipo negativo del negro. Estas realidades deben de ser seguidas celosamente, y estudiadas, con el fin de poseer elementos para un correcto accionar político.”
(pgs. 123-124)

Dejo, a modo de recomendación, el titulado La caracterización etnocultural de los grupos raciales: El complejo habitacional, la religión y las relaciones interraciales, de Niurka Núñez González, Odalys Buscarón Ochoa y Hernán Tirado Toirac. Aunque igual pudiera citarse el artículo Para comprender la problemática racial cubana, de Esteban Morales Domínguez (con fecha Septiembre de 2010); en este texto, al referirse el autor a “la nueva economía, emergida durante el período especial”, expresa lo siguiente:

“…es aún muy excluyente, en cuanto a la presencia de negros y mestizos en posiciones protagónicas dentro de esa economía. Especialmente en las actividades cercanas al turista y en las posiciones de dirección. Con los negros, en particular, y con los mestizos, la llamada economía emergente tiende a comportarse privilegiándolos muy poco en cuanto al acceso a los empleos y a la divisa.”  (Morales: 2010, p. 173)

Para todavía extremar más la caoticidad de los argumentos vale recordar que donde Rodríguez Rivera transforma la crisis posterior a la desaparición del campo socialista en algo que, dentro del ámbito en que nos estamos desplazando, suena como una inmensa pastoral, paradojalmente dulcificadora, Esteban Morales (atento a la investigación de como los estados de crisis impactos en diversos grupos sociales) señala –en nota al pie de la página 173- lo que sigue:

“En su investigación “Reforma económica y poblaciones de riesgo, en Ciudad de la Habana”, realizada por Ángela Ferriol, Maribel Ramos y Lía Añé, del INTES, se puede observar claramente como son los negros y mestizos los que con más fuerza fueron impactados por el denominado período especial. Ver: Esteban Morales. Desafíos de la problemática racial en Cuba. Fundación Fernando Ortiz: La Habana, 2007, pp. 161-196.”

Uno pudiera citar muchísimo más material que nos coloque, a diferencia de otros de los textos participantes del “asunto Zurbano”, en el verdadero nivel alcanzado por las ciencias sociales cubanas. Este es el punto donde creo que debo aclarar que no disfruto discutir, sino conversar, pero que –si acaso la discusión se impone- prefiero el conocimiento científico y el intercambio de ideas informado a las escrituras emocionales. Como mismo La Jiribilla tengo la convicción de que necesitamos y podemos convocar a expertos de las más diversas disciplinas para transformar el presente intercambio en algo realmente productivo, que no nos enquiste; y, si bien celebro que la Asamblea Nacional dedicara una sesión –durante el pasado año- a plantear la problemática del racismo en nuestra sociedad, sentí poca alegría ante la muy calmada manera en la que la prensa nacional se refirió al asunto y la pobre reacción que provocó la noticia. A pesar de haberse planteado el problema en las instancias más altas del país, necesitamos más y por ello -en cuanto a las líneas de trabajo que, a este propósito, derivan para el tratamiento de la cuestión racial en nuestro país- mi inquietud se refiere a la necesidad de colocarnos en el momento cuando lo discutido en la conferencia partidista se filtra hasta la mente del menos informado de los ciudadanos. O sea, cuando las órdenes y decisiones en reuniones fueron superadas por la acción de una masa consciente, por esa chispa prendida en los corazones de toda la nación y que ya no se apaga.

Finalizo con una breve disquisición lingüística que, no por desagradable como tarea deja de ser necesaria, en particular para que podamos continuar dentro de un ambiente de salud; me refiero al momento del editorial, acaso el peor redactado, donde se afirma –a propósito de mi artículo anterior- que:

“El texto de Fowler parte de la aceptación de que el único punto de contradicción con el artículo de New York Times estaba en el título. Vale preguntarse con cuáles propósitos se sigue solapando lo ideológico en los análisis sobre el texto publicado en el diario estadounidense.”

Quien así escribe o no comprende, o simplemente está en el intercambio equivocado. Contrario a lo que afirma la cita, sucede que al escribir su texto Fowler ya conocía que el título “real” del artículo de Zurbano (el que debió de salir publicado al frente del artículo), fue manipulado por los editores del periódico NYT; por tal motivo lo que Fowler se propone es leer a Zurbano más allá del título y entonces escarbar en las ideas que el artículo también a encontrar la coherencia de las ideas que en sólo 1, 200 palabras expone el comentario aparecido en el NYT. Basta recordar la teoría literaria para entender el enorme peso del título, al funcionar como una especie de “modelador” del resto del texto, anuncio de lo que el contenido comunicará; entonces, y siguiendo este camino, lo que Fowler propone es que leamos el artículo de Zurbano en referencia a un título borrado, pero en la doble significación de este acto: escritura (donde se ubica la afirmación de Zurbano como individuo revolucionario de la raza negra) y borradura (donde se ubica la reacción del NYT que no por casualidad, enfrentada a un título revolucionario, simplemente lo tornó en su contrario).

De esta manera, mientras varios de los textos citados leen para mostrar su indignación porque (según la manipulación) “para los negros cubanos la Revolución aún no ha comenzado”, el texto de Fowler “sabe” que está leyendo a alguien para quien, en atención a la cuestión racial cubana, “la Revolución no ha terminado”, sino que hay que seguir construyéndola. Desde esta lógica, la cuestión del título en absoluto minimiza el resto, sino que –como en física- opera como el prisma que refracta las diversas aproximaciones; en este sentido resulta sumamente curioso que, a medida que los días han pasado, las preguntas se acumulan del lado que cuestiona por qué Zurbano publicó su artículo en el NYT, al mismo tiempo que nadie se pregunta por qué el NYT se vio obligado a cambiar –de manera tan burda- el título de un texto.

Por lo demás, nos vemos cuando corresponda trabajar dentro de ese espacio que La Jiribilla imagina al escribir que:

"Quizá ha llegado el momento de continuar los análisis, en profundidad, en los espacios públicos de reflexión, aprovechando el legado de la experiencia de trabajo que durante los últimos meses se ha acumulado por los propios participantes en la polémica y que forman parte del Capítulo Cubano de la Articulación Regional Afrodescendiente (ARA)."

v.


Links/Enlaces top

Español

Mañana será tarde: Escucho, aprendo y sigo en la pelea 15/4/2013: Roberto Zurbano responde a sus criticos.

El debate racial en Cuba: Participar desde el respeto a la diferencia 12/4/2013 Jiribilla: "Es inaceptable acusar a La Jiribilla de falta de ética periodística por no haber “comprobado” previamente con Zurbano si había manipulación de su texto. El historial de la revista en esa materia, no tiene nada que ver con el del New York Times y ponernos en el mismo plano es ofensivo." [Los que tenian que comprobarlo de antemano fueron los autores de los articulos, como lo dijo Victor Fowler en su primer articulo Derivas con (por, y desde) Zurbano: Dolor, alegría y resistencia 6/4/2013 Jiribilla. ]

Zurbano y el “New York Times”: Lo Perdido y lo Ganado en Traducción, 6/4/13 por Alan West-Durán, quien trabajo con Zurbano en las negociaciones editoriales con The Times.

Los commentarios sobre "Para los negros en Cuba, la Revolución no ha comenzado," 2/4/13 Andy Petit

English

Prominent Cubans defend Zurbano's right to talk about racism, 4/13/13 Includes Zuleica Romay, Sandra Alvarez, Gisela Arandia, Alberto Jones, Pedro Perez Sarduy, Alberto Abreu, Victor Fowler, and many others. They seek to widen the debate beyond the recent sensationalism to address the broader issues.

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