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Photo courtesy RiceNPeas Films via Pedro Perez-Sarduy

Jesús Cos Causse
1945 - 2007

Jesús Coss Causse. Poesta. Nació el 15 de Octubre de 1945. Presidió el Taller Internacional de Poesía, que se realiza en le marco del festival del Caribe. Representante en Cuba de las Revista RUPTURES y miembro del Comité de Redacción de la Revista II Majakovsky (Italia). Ha editado, entre otros, los poemarios Con el mismo violín (1970), Leyenda del amor (1986) y Como una serenata (1988). Poemas suyos aparecen publicados en revistas y antologías cubanas y extranjeras. La calidad de su obra lo ha hecho acreedor de merecido prestigio y reconocimiento en el ámbito literario caribeño.  Posee las Distinciones Por la Cultura Nacional y Raúl Gómez García, así como la réplica del machete de Máximo Gómez y la Placa José Maria Heredia. Fue declarado hijo ilustre de la ciudad Santiago de los Caballeros, en la República Dominicana. Muere en Santiago de Cuba el 23 de agosto de 2007.

De qué murió Cos Causse? Por José Millet, 8/07

Ariel James Figarola sobre Jesus Cos Causse, 8/07

Falleció notable poeta santiaguero, 8/24/07  Bohemia Digital

Sepultado en Santiago de Cuba el poeta Jesús Cos Causse
, 8/07

Poems by Jesús Cos Caussetop

ASUNTO DE LAS ESTACIONES

La primavera
como la madre del hombre,
como la flor, la fragancia
y la fruta en la floresta.

El verano,
víspera de ser ave
para salir volando. 

El otoño,
el sueño de la señora,
del moño y de la migraña.
el invierno,
el viaje del viejo
a ver cómo navega el viento. 

¿ Y la poesía no será
otra estación y la muerte otra?


EPIGRAMAS Y EPITAFIOS

Es cierto,
mI amigo Galileo Galilei:
la tierra se mueve:
¿ Pero hacia donde?
@@@@@@@@
El poeta no usa corbata
porque sueña que su mujer
lo está ahorcando y canta
@@@@@@@@@@@
El tiempo
cansado de la vejez,
se suicidó.
@@@@@@@@@@@@
Mira
cómo nos mira la muerte
desde la ventana y sonríe.
@@@@@@@@@
La poesía es el espejo del tiempo
@@@@@@@@

En el uso de las facultades
que me están conferidas
me declaro heredero universal
de mis historias y de mis huesos


REQUIEM POR BOB MARLEY

(Perteneciente al poemario Balada de un tambor)

Porque fuiste un duende de la vida.
Porque le dejaste a Jamaica una botija
y una jaula llena del canto de los pájaros.
Porque le regalaste tu guitarra a un ciego
y te pusiste a llorar ayer por los esclavos.

Porque guiaste los manantiales en las montañas
y sus sueños desembocaron en las mañanas tuyas.
Porque entregaste tu corazón de tambor.
Porque seguiste la Estrella Negra de Marcus Garvey
a pesar de la fantasía, a pesar del naufragio final.

Porque lograste ser el Midas del amor.
Porque amaste a tu isla y a tu gente pobre.
Gente cargando sus lamentos en la cabeza.
No woman no cry, sonrisas tristes para el turista
y un Reggae que estalle por el duende de la vida.


Mariposa en el exilio.

                        (Dedicado a Martha Jean-Claude.)

Te llevaste los tambores de Haití
y los tambores de la alborada.
Te llevaste la espuma y la orilla.
Te llevaste las estrellas buláfaras.
Te llevaste la primavera en peligro.  

¿Qué signo emigrante nos persigue? 

Cantas y llega Jacques Roumain
con el rocío de ayer en sus ojos.
Cantas y llegas Jacques Stephen
con el sol apagándose en sus manos. 

Cantas y llegas Jacques Viau, herido,
llorando, herido, Martha, llorando. 

Despierta tambor,
rebelión del alba. 

Sirena en el exilio.

Madre de los cimarrones.
Hermana de los muertos.
Que tu canción nos acompañe
hasta la tumba del poeta,
hasta la libertad haitiana
hasta el alba caribeña
y también después, y siempre.

 

Mirando fotos
 
Dagmaris alejándose en la playa.
Asunción su abanico su peinado breve.
Gloria dos días antes de morir.
Roberto señalando nada.
Idermis detrás Oscar después Jorge
 
Yo tan lejos que casi no me distingo.
Mi hermano gastando una sonrisa.
Mi tía fea hasta el fondo de la palabra.
Abuela en sus mejores tiempos.
Abuelo con una corbata contenta.
Mi padre embriagado otra vez.
Mi madre como un perfume derramado distante.

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De qué murió Cos Causse?
Por José Millet

 
Cos Causse murió del último trovador
de la alegría incontenible de su violín roto
de los arrebatos de su guitarra antigua
que sólo quería cantar una canción gitana
de ir de voz en voz musitando una copla
de bar en bar pregonando la nueva buena
de esquina en esquina al rancio estilo santiaguero
para simplemente decirle a la piedra que vio tocar a Chano Pozo:
aquí estoy yo, toqué y me fui sin decir nada.
 
Cos Causse murió de lo que mueren los buena gente: de muerte natural
de los cuidados de las Glorias, las Isabelitas y las Madelines y Alinas
que lo atendían después de que todos habían terminado la jornada laboral
para vigilarlo en esa soledad acompañada de seres ignotos
las que lo alimentaban como a bebé recién nacido
y le saneaban cuidadosamente y echaban colonia Menen en las costillas flacas.
 
Es así que el cronista dice que Cos Causse murió de cotiniadidad citadina
de horas conversando con el mismo espejo y con el mismo vaso de ayer
de diálogos interminables con sus humildes cubiertos que no chistaban
o de no querer otra comida que el respeto a un hombre sencillo
que lo mostraba como el título académico más alto
obtenido en la univerisad del trato afable con todos los vecinos del barrio
 
Cos Causse murió de niñez, de ser niño en cada uno de sus actos
de ángeles volando entre flores olorosas a inexistencia
de ausencia de liquidez en el concepto y en el verbo que no sabía emplear
de belleza poética que le salía fácil e incrustaba en las sienes
de tantos soles y girasoles a lo Van Goh juntados en el único jarrón que faltó en el instante preciso
de demasiadas alboradas contadas y vueltas a contar para tragárselas en un fugaz suspiro
 y de las innumerables muchachas que enamoró a un tiempo también murió Cos Causse.
 
Después de haber estudiado científicamente la historia clínica que me pasaron por internet
he descubierto, al cabo de tanto tiempo, de lo que moririá Jesús Cos Causse:
Cos Causse murió así de simple, de demasido Cos Causse en vena
no señor, no de cañaclara como se ha insinuado en el informe
ni mucho menos del sutil humo de los buenos habanos que fumaba a escondidas
ni de nocturnidades tan seguidas ni de mujeres en cada país y pueblo ni de frugalidad en el uso del plato
(porque el mejor pan--me dijo poco antes de expirar-- está en el perfume pasajero de las flores..)
no murió de nada de eso, sino del amor venenoso que había en aquel poema que tardó en salir más de lo debido
lo que se traducía en su lenguaje como una puñalada en ese costado tan sensible,
en la palabra que no llegó a tiempo para escribir su propia crónica anunciada y fue suficiente
para que su Rocinante exhalara su acostumbrado relincho de combate.
 
Cos Causse murió de poesía, como él solo quiso morir: recostado a un libro de versos en vez de a un salmo,
en efecto la poseía le brotaba por todos los lados como manantial de serranía,
crecía por todo el cuerpo y de ella vivía, hizo un modus vivendi y con ella vivía y con ella comía para alimentarse
y con ella se acostaba y se dormía y se despertaba e iba por todos los rincones del universo
sin carta de presentación títulos nobiliarios ni ningun tipo de protocolo.
Se paseó por donde quiera de brazos de esa chica bohemia que algunos desaforados llamaban Loca.
 
Es inexacto por tanto el informe forense que me enviaron por email:
Cos Causse no murió de delgadez extrema porque esa era y será siempre la figura del Quijote,
ni de añoranza de los versos libres que ya no podrá escribir
ni de desesperanza porque no pudo impedir a tiempo que se marcharan a no sabía qué extraña mansión de luz
tantos entrañables hermanos que compartían con él la mesa
sí, de una vez se fueron, en corto tiempo y juntos, y, lo peor, sin consultarselo ni despedirse...
¿con quién iba a conversar entonces cuando se despertara
o en las tardes soleadas de la Casa del Caribe con quién iba a compartir?
Cos Causse se enfadó mucho esta vez y decidió trotar con su lanza romántica a rescatar a sus amigos perdidos.
 
Cos Causse entonces murió de una enfermedad misteriosa que algunos galenos denominan Mal Caribe:
de ese afán quijotesco de cobijar a todos en un barco ebrio, a lo Rimbaud,
desafiando la furia de las olas y el frío penetrante de las madrugadas
de saludar a nostálgicas sirenas cuyos cantos embelezan
y de combatir a esos temibles gigantes de las siete leguas con harta intrepidez
para una humanidad tan leve y luminosa como la suya.
 
Cos Causse murió de lo que debía morir:
de esa luz que ventilaba sus esterechos pulmones
de generosa amistad profesadaa sus amigos a costa de su salud y de su jumento ,
de imborrables recuerdos de aquellos primeros tiempos combatientes,
de Waldosleyvas, Carraleros, Guarioneces, Augustostorres y Luisdíaz, cada cual con su guitarra,
de aquellos tiempos pasados en los que gustaba permanecer anclado.
 
Más bien me dice una musa al oído: Cos Causse murió de Santaigo:
de esa enfermedad que se le pegó en el pecho
y le impedía respirar y dormir y comer y bañarse
porque ese mal de la patria chica es como una sanguijuela
que se te pega al cuerpo y al lama y nunca te abandona hasta que cierras el último párpado
también de adorar por esa razón terruñera a su madre y a sus hijos y a todos sus deudos
que anhelaba apresar en un solo verso, como se tiene lo que se quiere en un puño
de no poder saludar a Rafael Brea cuando caminaba por las calles de Madre Vieja
ni a Ulloa ni a Millet ni a Ivonne ni a Isabelita cuando abría la puerta para dejar entrar la luz
o cuando se despertaba soñoliento de aquel lecho en el que amaba escribir su despedida.
 
Bueno, después de un análisis exhaustivo, realmente desconozco de qué pudo morir Cos Causse
o estoy dudando de si realmente murió...
¿o no será acaso otra de sus acostumbradas trapalecerías para convencernos de que ha muerto,
o de esas mentiras hechas con tanta frecuencia para aparecerse luego con su sonrisa pícara
pidiendo cualquiera de las cosas que apetecía degustar ante nuestro asombro
o sencillamente para escapar furtivo en el alas de su mejor verso?

(Coro, agosto 23.2007.)

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Ariel James Figarola sobre Jesus Cos Causse

"¡Ya no hay flor!", escribió José Martí en su Diario de campaña (De Cabo Haitiano a Dos Ríos), cuando (muy cerca él también de la muerte)  recibió la noticia de la caída en combate del general Flor Crombet. Hoy, 23 de agosto, al recibir la noticia,  no por esperada, menos dolorosa, de la "desaparición física" de Jesús Cos Causse, no he podido menos que decir, recordando al apóstol, ¡Ya no hay Jesús!.

Fueron dos "Mayores generales" de Santiago de Cuba, uno dela independencia, otro de la poesía, que al morir, cada uno en su tiempo y su destino, dejaron una huella profunda en el alma de la nación cubana y en el imaginario colectivo de su pueblo.

Se habla de Jesús, como el Quijote negro del Caribe, en alusión a que su "fina estampa" (alto, delgado, frente despejada y barbilla incipiente)lo asemejaba físicamente con el último de los caballeros andantes, pero su quijotismo incorporaba, no sólo virtudes del Quijote original (desinterés, valentía, defensa de los humildes y desheredados de la fortuna), sino también de su fiel escudero Sancho  (modestia, lealtad, realismo, sentido del humor,  picardía...).

Poeta natural de esos que como Heredia o Martí nacen cada cien o cada 50 años, Jesús Cos Causse, como en el poema "El apellido" de Nicolás Guillén, bien  pudiera llamarse Jesús Manzano, Jesús de la Concepción Valdés, Jesús Garay, Jesús Matamoros, Jesús Eluard, Jesús Moré, Jesús Roumain, Jesús Alexis, Jesús Golomón, Jesús Soleiman.

Ha muerto Jesús Cos Causse. ¡Ya no hay Jesús!, pero todos los días al visitar el Patio de la Casa del Caribe, de la Casa de Heredia, de la "Jutia Conga", o cualquiera de las Capitales, ciudades y "Niagaras" del Caribe y el mundo, donde amó a una mujer, escribió o leyó un poema, y se tomó un largo  trago doble de ron o de aguardiente, lo encontraremos "a bordo, ligero de equipaje", con su escarapela de juguete  de antiguo emperador haitiano, su guayabera caribeña y su amplia sonrisa, rodeado de luciernas y amigos.

¡Ya no  hay Jesús!, pero en su natural despedida, "en un carro de hojas verdes", lo acompañan las palmeras de Alto Songo y de Bayamo, las flores de Virama, los Guijes del Cauto, las yagrumas de la Sierra Maestra, los bambues de San  Luis y de La Maya, los algarrobos de Pilón del Cauto y de Barrancas, los luases del Toa y del Artibonique.

Estoy convencido, de que si ahora mismo, en cualquier momento, entramos al  patio de "su casa", la Casa del Caribe, lo encontraremos debajo de los mangos casi centenarios, conversando con sus intimos amigos.

Con Jorge Luis Hernández, habla sobre "el día que el caballo de Fresneda  relinchó en la Calle Heredia", con Vicente Portuondo, sobre los misterios del Petró, el Radá y el Palo monte, con Joel James sobre Mckandal, Paulina Bonaparte y los secretos del "Reino de éste mundo, con María Nelsa Trincado, sobre los últimos arahuacos de Yateras, las cenizas de Hatuey y los conjuros tainos del tabaco. Con Rogelio Meneses sobre "el día en que Santiago Apóstol puso los pies en la tierra, y con Julian Mateo, sobre el libro perdido de Aristóteles y el Nombre de la rosa.

¡Ya no hay Jesús!, pero no es cierto. Es un niño pobre y sin juguetes que juega en los solares de Santiago, con pelotas de cartón y emperadores filatélicos. Ha pedido ¡Tiempo!, con las bases llenas. Se ha ido, es verdad, pero  por un momento. Enseguida regresa.

Como a papá Lebgá, como a Guillén, como al otro Jesús (el de las cañas), lo hemos visto pasar  una clara mañana de agosto, entre el mar y la montaña,  montado "en su caballo de agua y humo".

 Ariel James Figarola

[Ariel James es hermano de Joel James, quien fue director de la Casa del Caribe hasta su reciente muerte.]

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Falleció notable poeta santiaguero, 8/24/07

Por: Pedro de la Hoz, Bohemia Digital

Entre la guitarra y la noche, entre Santiago y el Caribe, vivió Jesús Cos Causse hasta ayer sus 61 años con el fuego de la poesía ardiéndole en las venas y el rumor de la historia en la palabra.

Las normas de redacción de los obituarios obligan a citar la causa del deceso —un tumor maligno en las vías digestivas—, los detalles del velatorio —la Casa del Caribe en su ciudad natal— y los datos esenciales de su biografía —fecha de nacimiento: 15 de octubre de 1945; ganador de varios premios en Cuba y el extranjero; presidente del taller Internacional de Poesía El Caribe y el Mundo y del Congreso Mundial de Poesía, que forman parte de la tradición de esa Fiesta del Fuego urdida por su carnal Joel James, otro que ya no está entre nosotros.

Tampoco puede faltar una referencia a títulos publicados, con destaques para Con el mismo violín (1970), El último trovador (1975), Las canciones de los héroes (1975), De antaño (1979), Las islas y las luciérnagas (1981), y El poeta también estaba en la fiesta (1999).

Pero está ese otro Cos fabulador y legendario que seguirá siendo fiel a sí mismo: el que aparecía como una fulguración por las calles de Kingston, La Habana y Santiago con su magra y empinada anatomía, el que nos hizo creer que Plácido y Rubalcaba, Heredia y Martí, Zenea y Milanés, Sindo y Matamoros, podían compartir un café con los bardos del siglo XX en una mesa de La Isabelica, el que supo que la poesía no era lujo sino hambre de amor.

Su coterráneo, el poeta y crítico Guillermo Rodríguez Rivera sintetizó tempranamente la impronta de Cos Causse en la poesía cubana de la segunda mitad del pasado siglo como portador de "un lirismo que se diría natural y una innegable capacidad para apresar la armonía de una situación dada".

Ya enfermo, en diciembre pasado, quiso sumarse en Santiago de Cuba a la conmemoración por el 80 cumpleaños del Comandante en Jefe. Allí, en una tertulia muy especial, leyó un texto suyo escrito en 1976 que en un momento dice: "Escribo Fidel / porque está cabalgando Bolívar / otra vez sobre los Andes y las Antillas. / Escribo Fidel / porque descubro en mis venas sufridas / y profundas una gota de sangre africana / mientras detengo con mi fuego / el látigo del enemigo […] Escribo Fidel / y el águila ya no levanta el vuelo / y si lo levanta / la tengo en la mira de mi fusil. / Escribo Fidel / y escribo ya conozco los caminos".

Hijo de su tiempo, comprometido con su tiempo, Cos Causse era, a fin de cuentas, un trovador.

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Sepultado en Santiago de Cuba el poeta Jesús Cos Causse, 8/07

M.Sc. Miguel A. Gainza Chacón

SANTIAGO DE CUBA, ago 23 .- El destacado poeta santiaguero Jesús Cos Causse fue sepultado esta tarde en la necrópolis local de Santa Ifigenia.

Cos Causse, de 61 años de edad, falleció hoy, a las 06:15 horas, aquejado de un cáncer en el esófago.

Entre las ofrendas florales estaba una enviada por el miembro del Buró Político del Comité Central del Partido Comunista de Cuba (PCC) y ministro de Cultura de Cuba, Abel Prieto.

Considerado una de las voces prominentes de la poética cubana de la segunda generación después del triunfo de la Revolución Cubana en 1959, Causse dejó una extensa obra que incluyó más de 20 libros de poesía.

En la Casa del Caribe, institución cultural y de investigación científica que acogió los últimos años de creación del poeta, tuvieron lugar las honras fúnebres del también conocido como El Quijote del Caribe, área geográfica que junto con Cuba y Latinoamérica, conoció de la excelencia de la poesía de Cos.

Rolando Yero, presidente (Gobernador) de la Asamblea Provincial del Poder Popular, y funcionarios del Comité Provincial del Partido Comunista de Cuba (PCC), de la Dirección Provincial de Cultura, de la Casa del Caribe y de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), realizaron la última guardia de honor junto al féretro.

Durante la mañana y la tarde, casi hasta el instante de salir el cortejo fúnebre hacia la necrópolis local, cantores del grupo folclórico Kokoyé, y numerosos poetas santiagueros, dedicaron canciones y poemas al bardo fallecido.

Jesús Cos Causse (Santiago de Cuba, 15 de octubre de 1945) ganó prestigio, sólidamente, no solo con su poesía, sino como dramaturgo, antologista y periodista, y mostraba en su currículo numerosos premios nacionales e internacionales e infinidad de colaboraciones con publicaciones de casi todo el mundo.

Marino Wilson Jay, poeta y miembro de la UNEAC , leyó en la despedida del duelo, un texto escrito para la ocasión por el también poeta León Estrada:

“Hermano Cos, en 1970, cuando recibiste el Premio 26 de Julio con ese poemario tuyo que tanto me gusta, Con el mismo violín, eras el Príncipe de la poesía santiaguera. Allí le agradecías al viejo Walt Whitman haber encendido la lámpara del mundo que es la poesía.

“Ahora que es una realidad tu partida hacia el descanso definitivo que es la eternidad, nos dejas un poco huérfanos de ti mismo. Y duele, entrañable Hermano Mayor, no haber podido hacerte la vida menos difícil en tus últimos años, a pesar de que vivías como habías elegido, aunque es justo decirlo: Sin una queja.

“Amaste mucho, Negro, y fuiste amado. Dejas esa huella indeleble en tus hijos, y en los hijos e hijas de ellos. Te respetaron los críticos y los poetas por tu obra. Eres ya un esencial, un inolvidable y un imprescindible que cantó magníficamente a las cosas sencillas y profundas del Caribe y sus islas, a Cuba, a los caracoles y a las mulatas, a las estrellas y a los tambores, a los héroes y a los huracanes, a los cimarrones y a la música, al silencio y a los cocuyos, tú le cantaste a todo, Jesús, hasta a la muerte.”

Amigos y admiradores de la obra de Cos Causse cargaron el féretro fuera de la Casa del Caribe, en el reparto residencial de Vista Alegre, mientras los cantos tristes del “Kokoyé” le decían el último adiós al poeta.

 

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Interview to Jesus Cos Causse e Nancy Galano
www.guestinvenice.com/video.asp?anno=2006&mainevent=COV2006
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